Patricia: ‘‘Tuve que huir por violencia de género. Fui humillada, golpeada y amenazada’’

Patricia es una de tantas mujeres a quienes la violencia de género ha obligado a huir de sus países. Se vio forzada a dejar todo atrás en Nicaragua por violencia de género, incluida a su familia. Pero este paso que sumó a su «mochila» de miedos y violencia la incertidumbre, le ha llevado hacia una vida en la que se siente segura y en paz.

 

Natural de Nicaragua, donde vivía junto a sus hijas, Patricia recuerda como antes de salir de casa, una de ellas se aseguraba de que todo ‘‘estaba en orden’’. ‘‘Mi hija salía siempre antes que yo para comprobar que esta persona no estaba esperándome fuera. Siempre andaba merodeando por todas las calles porque él quería que yo no saliera, que estuviera siempre encerrada. Me sentía prisionera’’, describe.

Pero muchas veces era inevitable y, al salir de casa, se encontraba con este hombre. Aún se pregunta cómo él lograba ausentarse constantemente de su trabajo para seguir todos y cada uno de sus pasos. ‘‘Ni siquiera sé cómo lo hacía, me salía de cualquier calle y me retenía, no me dejaba pasar’’.

Ahora lo define como ‘‘agobiante’’, pero cuando profundiza en su historia, es consciente de que lo que vivió va más allá. ‘‘Mi vida era desesperante y mi estado de ánimo deplorable. Sufrir esa violencia es horrible, y lo que yo pasé no se lo deseo a nadie’’.

Huir para vivir

Finalmente, la situación se volvió tan peligrosa para Patricia que tuvo que tomar la decisión de salir del país, dejar atrás su hogar, a sus hijos, y a toda su familia.

En febrero 2019 llegó a España y, aunque reconoce que sintió alivio y tranquilidad, a su mochila de miedos y violencia sufrida se sumó entonces la incertidumbre. ‘‘Aunque ya no tenía ese temor y supe lo que era sentirse libre, no sabía que iba a pasar conmigo, que iba a ser de mi’’, recuerda.

Primero llegó a Palma, y después a Sevilla, donde reside desde hace dos años. Ha solicitado protección internacional y se encuentra a la espera de su resolución de asilo. ‘‘Ojalá y con la ayuda de Dios todo salga bien. Me da mucho miedo la idea de regresar a mi país, mi vida correría peligro’’, asegura.

No obstante, ahora Patricia se define como una mujer muy fuerte y empoderada. Siente y ve las cosas de forma diferente, y valora cada día la libertad que la violencia de género le arrebató en su país. ‘‘Si me vieran como yo era antes… Ahora soy una persona distinta, incluso aconsejo a mis hijas de forma distinta. Antes no sentía que era la persona indicada para aconsejarlas porque yo tenía un temor desmedido dentro de mi’’, explica sobre la transformación que ha tenido.

Desde que llegó a Sevilla trabaja en el cuidado de mayores y se siente agradecida. Le gustaría estudiar enfermería porque asegura que tiene ‘‘esa pasión’’.

Lamenta que aún no tiene amigos, que siempre camina sola. Pero eso no le impide seguir avanzando y luchando por sus sueños. También agradece la amabilidad y bondad de las personas que ha ido encontrándose a lo largo de su camino. ‘‘Me siento bien, en paz, y creo que he ido cumpliendo sueños poco a poco. Me gusta la vida que llevo ahora’’.

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