Mamadou: ‘‘Siempre he convivido con el miedo’’

Mamadou salta al campo con la agilidad de una gacela y da comienzo a dos horas en las que consigue soltar por completo la mochila migratoria que carga y donde olvida lo sufrido a lo largo de su corta pero intensa vida, donde ha caminado demasiadas veces al borde del precipicio del peligro y el miedo. Regatea, coquetea con el balón, corre como cuando quema la arena y chuta con la fuerza y determinación con las que ha tomado las riendas de su vida. Y se le pinta una sonrisa en la cara.

El deseo de María para su país: ‘‘Ojalá se acaben las balas’’

Aunque ahora respira tranquila, a sus 21 años María ha tenido que enfrentarse a una situación de total inseguridad y desamparo. Su padre, miembro de una de las maras más peligrosas de Centroamérica, insistía para que su hermano menor y ella comenzaran a formar parte de esta pandilla.

Mamadou, un joven guineano que encontró en Antequera un lugar seguro donde vivir en paz

Mamadou es de Guinea Conakry y hasta cumplir los 28 años vivía con su familia en la capital de su país. Tras terminar su formación en Sociología, trató de encontrar trabajo, pero la situación era muy compleja: represión, inestabilidad política y económica, violencia e inseguridad. Por lo que, a pesar de dejar todo atrás, decidió asumir el riesgo y salir en busca de una vida mejor.

Safura: “Cada frontera que pasas es como que mueres y vives otra vez”

Safura huyó de los talibanes mucho antes de que recuperasen el poder, porque, asegura, “ellos nunca se fueron”. Pero conseguirlo no estuvo exento de peligros: la falta de vías legales y seguras le forzó a un violento y peligroso periplo de tres meses a través de nueve fronteras y más de 11.000 kilómetros recorridos a pie con sus tres hijos pequeños y su marido desde Afganistán hasta España.

Abda: “En Malí que un niño se sienta niña es una aberración”

Malí es un país que se encuentra en conflicto armado desde hace varios años, pero no fueron las armas ni los hostigamientos militares que se viven día a día en el país los que empujaron a huir a Abda. Fueron los actos denigrantes y discriminatorios que recibía en el seno de su familia y en su círculo más cercano de amistades por sentirse una niña.

Saltar la valla para poder luchar por una vida en paz en Sevilla

La sonrisa de Abdellatif refleja ilusión y esperanza. Aunque no siempre ha sido así, y la luz de sus ojos parece apagarse cuando recuerda parte de los últimos años de su vida. Huyó de Sudán, su país de origen, en 2020. Desde entonces ha superado todo tipo de obstáculos: el último le obligó a saltar la valla de Ceuta.