
© UN Photo/Albert González Farran
Dos años de la guerra de Sudán: el mayor éxodo interno jamás registrado a nivel global
Se cumplen dos años del inicio de la guerra civil en Sudán, conflicto que ha provocado una de las crisis humanitarias, de desplazamiento y desprotección más devastadoras a nivel global. Ante la falta de atención internacional, CEAR reclama el acceso efectivo al procedimiento de asilo de las personas sudanesas para evitar la pérdida de más vidas.
El 15 de abril de 2023 estalló uno de los grandes conflictos que apenas ha captado atención a nivel mundial: la guerra civil que enfrenta a las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF) contra las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), vinculadas al genocidio previo de Darfur. Durante estos dos años, más de 18 000 personas han sido asesinadas y aquellas que huyen del país se ven obligadas a arriesgar sus vidas en letales rutas migratorias tratando de llegar a un lugar seguro.
Dimensiones del conflicto
La población sudanesa sufre graves vulneraciones de derechos humanos. El conflicto está marcado por la violencia indiscriminada y ataques deliberados contra civiles y personal humanitario. Especialmente alarmante es el uso generalizado de la violencia sexual como arma de guerra, documentándose violaciones y esclavitud sexual con un claro componente étnico y de género a manos de las RSF contra comunidades no árabes. También se han reportado matrimonios forzados e infantiles, así como el reclutamiento forzoso de niños y adolescentes.
En este contexto, la crisis de desplazamiento forzado no ha dejado de agravarse: casi nueve millones de personas se han visto desplazadas forzosamente dentro del país, en lo que constituye el mayor éxodo interno jamás registrado a nivel global. Mientras, más de tres millones han huido en busca de refugio, principalmente a países vecinos como Egipto, Chad o Sudán del Sur, y a otros países cercanos como Libia, donde muchas personas sufren condiciones de esclavitud y tratos inhumanos y degradantes.
Necesidad de protección internacional
Pese a la magnitud y la gravedad de la crisis humanitaria y de derechos humanos, el conflicto de Sudán no recibe a menudo atención mediática y política. Los esfuerzos realizados en términos humanitarios y de protección tampoco han logrado cubrir las necesidades crecientes, tal y como ilustran los datos de asilo.
En 2024, 10 000 personas procedentes de Sudán solicitaron asilo en la Unión Europea, tras arriesgar su vida en la mortífera ruta mediterránea. Lamentablemente, muchas otras la perdieron intentando alcanzar un lugar seguro. De ellas, tan solo 353 formalizaron su solicitud en España, con una aprobación de hasta el 94 % de las resoluciones. La elevada tasa de protección contrasta con el bajo número de solicitudes que, de nuevo, se explica porque no se están habilitando vías legales y seguras o por las dificultades impuestas por el Estado español, como el visado de tránsito aeroportuario instaurado en junio de 2024 a personas de este país. Estos obstáculos desembocan en la pérdida innecesaria de vidas. Es el caso de la masacre de Melilla, en la que al menos 37 personas, muchas de ellas sudanesas, encontraron la muerte cuando trataba de impedirse su entrada a través de la valla.
“Yo quería llegar a Italia y por ello intenté cruzar el Mediterráneo desde el norte de Libia, hasta en tres ocasiones. Todas ellas tuvieron el mismo resultado: fui capturado, devuelto y reclutado en cárceles del país durante meses. Después de más de dos años, y tras saltar la valla de Ceuta, logré llegar a Europa. Fueron los dos años más duros de mi vida”, recuerda Abdellatif, refugiado sudanés atendido por CEAR en Sevilla.
Con motivo del segundo aniversario de esta guerra es urgente alzar la voz por el derecho a vivir en paz de todas las personas en cualquier rincón del mundo. La vida de las personas sudanesas es tan valiosa como la de cualquiera que se vea obligada a huir de su país para sobrevivir.
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