M.P., refugiada por género: «Mi vida estaba llena de violencia física, verbal y emocional»

M.P. no se atreve a dar su nombre en público. Aunque España ya le ha reconocido la protección internacional, aún siente el miedo que vivió en México, su país de origen, debido a la violencia sufrida por parte del padre de sus hijos.

 

Antes de llegar a esta situación de ser refugiada por violencia de género, llevaba una buena vida. Aunque se enfrentó a un cáncer con solo 21 años, tras superarlo quiso hacer realidad su sueño de ser madre y con 30 años tenía dos hijos y ejercía como maestra de inglés en un colegio, además de trabajar en una consultora. Así era su vida en México, hasta que comenzó a truncarse debido a la violencia de género.

«El padre de mis hijos no solo me gritaba, también me golpeaba y me humillaba. Me amenazaba de muerte, con quitarme a mis hijos o incluso con matarlos. Un día vino a mi casa y disparó a mi puerta. Allí siguen las marcas de las balas», en la casa que se vio obligada a cerrar y abandonar.

Escapó con sus hijos, que por aquel entonces aún estaban en la guardería. En dos meses ahorró lo necesario para huir: vendió todas sus cosas y reunió el dinero que necesitaba para comprar los billetes de avión. Vivió escondiéndose e incluso se rapó el cabello para que él no la reconociese.

Una nueva vida

Seguridad. Fue la primera sensación que tuvo al montarse en el avión junto a sus hijos, pero el miedo llegó de nuevo, esta vez cuando aterrizó en España. «‘¿Cómo voy a sobrevivir aquí con los niños?’, era la pregunta que me hacía. Yo no tenía nada ni a nadie, solo a mis dos hijos. No quería bajarme del avión, de hecho, fuimos los últimos en hacerlo».

Cuenta que jamás se imaginó dejar su casa, su país, su vida. Tampoco había pasado por su mente la idea de una nueva vida en España, sin embargo, estaba a punto de comenzarla, eso sí, desde cero y con un camino lleno de incertidumbre. Pero pronto, M.P. se encontró en el camino a CEAR y Cruz Roja, entidades a las que considera su familia. «Sinceramente, estoy muy agradecida con ellos. Han sido esa familia que yo no tengo aquí, tanto para mí como para mis hijos. Han sido todo, no sé qué hubiera hecho sin ellos».

Ahora, M.P. ha obtenido el asilo en España, reconocida como refugiada por violencia de género, donde vive junto a sus dos hijos, que ya tienen cinco años. Celebra haber superado muchos miedos, aunque todavía sigue trabajando para vencer otras preocupaciones. «Mi deseo sería encontrar un trabajo estable, quisiera ser una persona solvente por mis hijos».

De España valora la tolerancia y el respeto de su sociedad. Atrás quedaron esas conductas machistas que veía tan habitualmente en su país: «Siento que puedes ser quien tú quieras, nadie te va a juzgar. Es lo que más me gusta de España, esa mentalidad más abierta», valora.

M.P. es una de tantas mujeres resilientes, mujeres luchadoras, mujeres fuertes. Una de tantas mujeres obligadas a huir por violencia de género que buscan refugio en países como España, donde esperan encontrar esa igualdad y seguridad que los suyos no les ofrecen.

 

Descubre más historias de refugio aquí.

Ayúdanos.

Con una aportación de 10€ nos ayudas a proporcionar el material escolar para niños y niñas refugiadas