Samuel: «Las Águilas Negras me mandaron a casa una bala»

Aeropuerto de Barajas. En un vuelo de Bogotá a Madrid llega Samuel (nombre ficticio), junto a su mujer y sus dos hijas. Tras pasar los pertinentes controles, se dirige a las autoridades españolas y manifiesta su decisión de solicitar asilo. El motivo: un grupo paramilitar le había dado 48 horas para abandonar la ciudad. Lamentablemente, son devueltos a los tres días al país donde sus vidas corren peligro.

 

Samuel contó todos los detalles a la abogada de CEAR en el puesto fronterizo del aeropuerto, quien pide para él que se tramite su solicitud y se les permita la entrada en nuestro país. Sin embargo, las autoridades españolas lo desestiman porque “Colombia es un país en paz”, según recuerda Samuel. Pese a que la letrada presentó medidas cautelares y elevó el recurso ante la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo (aún pendiente de fallo), toda la familia fue devuelta a Bogotá.

En la entrevista, Samuel declaró que era defensor de derechos humanos y trabajaba con una asociación en barrios marginales para tratar de ofrecer una salida a jóvenes que eran contratados como sicarios por las pandillas. Hasta que un día sus actividades comenzaron a resultar molestas para las Águilas Negras, un grupo paramilitar que las autoridades de su país consideran disuelto, aunque al mismo tiempo reconocen la existencia de diferentes grupúsculos que siembran el terror en todo el país bajo este nombre. “Nunca recibí ningún tipo de protección en mi país, por eso decidí buscarla por mis propios medios”, recuerda de espaldas a la cámara por temor a represalias.

Por eso, cuando les devolvieron a Colombia tuvo “miedo” porque de nuevo no solo corría peligro su vida, sino también la de su familia. Además, para poder mantenerse económicamente tenían que regresar a su vivienda y a sus respectivos trabajos. “Apenas había transcurrido una semana cuando recibí un panfleto de las Águilas Negras donde nuevamente me dan 48 horas para que huya”, afirma. Primero se desplazó a una región vecina, pero un encuentro con dos paramilitares le acabó de convencer a él y a su mujer de que no se encontraría a salvo hasta que saliera del país.

Debido a la experiencia frustrada del primer viaje, ambos deciden que esta vez la huida la emprendería él solo. Sacó billete a París para evitar ser expulsado de nuevo por las autoridades españolas y luego viajó hasta Madrid, donde se puso en contacto con la abogada de CEAR que llevaba su caso y tramitaron de nuevo su solicitud en territorio.

Desde el pasado mes de octubre se encuentra en España pendiente de una decisión de la que depende no solo su vida, también la de su familia. Aunque no pierde la esperanza, es consciente de que la mayoría de solicitudes de asilo de personas que huyen de Colombia suelen ser rechazadas. El año pasado 29.363 personas de este país pidieron protección internacional en España, la segunda nacionalidad de origen de quienes buscan refugio en nuestro país. Sin embargo, apenas se resolvieron 5.226 expedientes, entre los que se encontraban acumulados de otros años, y solo 48 resultaron favorables. Es decir, solo el 0,9% de casos obtuvo algún tipo de protección debido a que el criterio en el que se basan las autoridades españolas es que en Colombia se firmó un acuerdo de paz con las FARC en 2016. Sin tener en cuenta que este proceso no lo reconocen todas las partes en conflicto ni que se ha convertido en uno de los países más peligrosos del mundo para defender los derechos humanos.

 

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