Sadaf y Shabnam, refugio para seguir luchando contra el matrimonio forzado

A Sadaf y Shabnam no solo les une que son hermanas, sino también su pasión por el boxeo. Pero su peor enemigo no estaba en el cuadrilátero, sino en las instituciones y en gran parte de la sociedad que pretende noquear sin piedad a todas las mujeres que tratan de rebelarse al destino que les espera cuando cumplen los 14 años: casarse contra su voluntad, tener hijos y cuidar de ellos.

 

Las hermanas Rahimi no iban a ser una excepción y menos según fueron ganando fama debido a sus victorias con las cuales fueron acaparando las miradas recelosas de hombres poderosos del país. También la admiración de muchas mujeres, incluidas activistas afganas reconocidas como Malalai Joya. Sin embargo, ambas siguieron entrenando prácticamente cada día en el mismo estadio olímpico de Kabul donde una década antes ejecutaban a mujeres por el simple hecho de ser mujeres. Y es que aunque este país haya experimentado ciertos avances desde entonces, sigue siendo uno de los más peligrosos del mundo para ser mujer, tal y como refleja el documental ‘Boxing for Freedom’. Ahora, con el regreso del régimen talibán, Sadaf y Shabnam saben que Afganistán no es seguro para nadie y piden al Gobierno español que ayude a la población afgana a salir del país.

Ser la primera mujer afgana en competir en el Campeonato del Mundo no le valió a Sadaf para ganar el combate contra algunas tradiciones retrógradas arraigadas en Afganistán, ya que talibanes y señores de la guerra seguían teniendo un peso importante en los designios del país. Ahora, las mujeres se encuentran en riesgo extremo. “Desde que fui elegida recibí muchos insultos, incluso del presidente de la Federación de Boxeo”, afirmaba Sadaf. De hecho, el Comité Olímpico Afgano le impidió ir a los Juegos de Londres 2012 tras las airadas críticas de algunos hombres que no estaban dispuestos a tolerar que una mujer afgana les avergonzara en la mayor cita del deporte a nivel mundial. Sadaf veía así frustrado su sueño de “ganar una medalla de oro por todas las mujeres afganas”.

Ni siquiera tener el apoyo incondicional de sus progenitores les libró de sufrir amenazas constantes, en ocasiones incluso de muerte: “Nuestros vecinos le preguntaban a mi padre por qué nos permitía boxear, cuando deberíamos estar en casa realizando las tareas del hogar”, recuerdan. Tuvo que dejar de boxear durante un tiempo, pero gracias al apoyo familiar al menos pudo continuar con sus estudios y llegar a la universidad».

«No quiero que mis hijas sean prisioneras en su propia casa si se casan con un hombre que no aman”, comenta la madre. Sin embargo, ella quería boxear hasta los 34 años y que nadie le dijera con quién tenía que casarse, así que un día decidió junto a su hermana dejarlo todo atrás para seguir luchando, soñando y viviendo en libertad. “Aunque no queramos casarnos, nuestros padres tenían la obligación de casarnos. Queremos ser defensoras de los derechos de las mujeres”, señala Sadaf.

Una historia con final feliz

 

Sadaf y Shabnam, cuando viajaron a España en 2016 para el estreno del documental, decidieron no regresar a Afganistán y solicitar asilo. Con la ayuda de CEAR han conseguido rehacer su vida en Madrid, pero han tenido que dejar el boxeo por la mala situación económica de su familia, ya que todo el dinero que consiguen aquí lo han empleado en ayudar a su familia en Afganistán.

Cuando cayó Kabul en manos de los talibanes, sus padres y otros miembros de la familia se tuvieron que encerrar en casa. Sadaf y Shabnam solo podían contactar con ellos una vez al día, cuando encendían el teléfono, debido a los cortes de electricidad y de internet. Gracias a la protección internacional, ellas ya no tienen que esconderse, pero las vidas de sus familiares, como las de tantas personas afganas que continúan en el país, estaban en peligro.

“No soy nadie con poder, soy una persona normal, pero necesito que el Gobierno y la Unión Europea ayuden a la gente afgana. Siempre pensé que los talibanes iban a volver, todos lo sabíamos, pero el Gobierno afgano tampoco ha hecho nada”, asegura ahora Shabnam.

Por fortuna, la historia de las hermanas Rahimi y su familia ha tenido un final feliz. Los 6 miembros de la familia Rahimi que aún seguían en Afganistán consiguieron acceder al aeropuerto de Kabul el 22 de agosto, donde por fin pudieron descansar después de una larga y peligrosa espera para acceder al recinto. Ahora, tras 5 años sin verse, Sadaf y Shabnam han logrado reunirse con sus padres y hermanos en España.

El género es motivo de asilo

 

Aunque la crisis política y humanitaria haya estallado recientemente en Afganistán, la situación en el país nunca ha sido segura para las mujeres. Casos como el de Shabnam y Sadaf ponen en evidencia el peligro que corren desde hace años. Más de 15 millones de mujeres y niñas, como las hermanas Rahimi, son obligadas cada año a contraer matrimonio en algún lugar del mundo. Una de las múltiples formas de violencia que sufre la mujer por ser mujer.

Muchas tienen que huir cada año para poder ser libres y no ser más vulnerables si cabe a la violencia machista, a relaciones sexuales forzadas, a problemas de salud reproductiva y a verse obligadas a abandonar la escuela.

Por este motivo, desde CEAR reclamamos a España que defienda y promueva en la UE la puesta en marcha de corredores humanitarios que faciliten la llegada y posterior acogida de las personas refugiadas afganas. Facilitar los procesos de reagrupación familiar es imprescindible para que casos como el de las hermanas Rahimi puedan tener un final feliz.

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