Katrina Dadfar: “Sueño con seguir mi activismo y enfrentar la ignorancia de los talibanes”
Katrina trabajaba como periodista feminista en Kabul, se expuso en varias ocasiones de manera pública en contra de los talibanes, y también participaba en Women for Afghan Women (WOW) ayudando a víctimas de violencia machista. Su nombre estaba en la lista negra de los talibanes, debía ser asesinada por ser una amenaza para el régimen.
Salió de su país cuando los talibanes tomaron Afganistán, el 21 de agosto del 2021. “Aún recuerdo que estaba durmiendo con mi hija, de un año, que además estaba enferma. Me levanté y escuché ruidos en la calle, fui arriba de nuestra casa y los talibanes estaban registrando y mirando, iban con una lista de la gente a la que tenían que matar, yo era la tercera. Cogí a mi hija, sin saber a dónde ir, sin zapatos y sin nada. Me fui corriendo”.
Katrina cuenta que viajó a un pueblo desconocido, alejado de la capital. Allí, se alojó en un almacén con su hija hasta que pudo localizar a amistades. Su jefa para el medio de comunicación en el que trabajaba le confirmó que habían asesinado a otras dos compañeras y a sus familias. Supo que Afganistán ya no era seguro para ella ni para su hija y tomó la decisión de salir del país. “Pensé que los talibanes me iban a encontrar, cuando ves el peligro y ves la posibilidad de que te maten o te violen, ahí no funciona el cerebro, funciona el sentimiento y huyes. ¿A dónde? No lo sé, no lo sabemos”.
Gracias a un compañero periodista español, y a contactos de otros compañeros, llegó a España con su hija. “Aún me duele al recordar. Fue un shock, un trauma, algo que imaginas en las películas, pero no en tu vida. Llegué a España de noche, a las dos de la madrugada, pensé que era una pesadilla. Cuando bajé del autobús no conocía a nadie, no podía hablar, no sabía ni donde estaba, no sabía nada de este país y mi hija seguía enferma”.
Cuenta que fue entonces cuando entró en contacto con una educadora de CEAR en Euskadi: “Me dieron la bienvenida, me habló en inglés, yo no estaba en mi realidad, estaba luchando, pensé que era una pesadilla. La chica me explicó el proceso para refugiar cualquier persona, las ayudas que hay y demás. Para mí es un ángel. Y así paso. Ya no hay más Afganistán pensé. Pero yo no he tomado ninguna decisión, llegué sin saber. Llegué de casualidad. Fue muy duro”, recuerda.
Las mujeres como arma de guerra
Para Katrina, “la ideología de los talibanes es la ignorancia, matar a mujeres para generar miedo y que sea un ejemplo de miedo para otras mujeres”. Los talibanes acabaron con su vida anterior y también con gran parte de las amistades que tenía, pero aún mantiene el contacto con algunas redes de mujeres. En la distancia observa que “se han quedado sin vida”, como ella dice. “La vida significa que tú puedes respirar, puedes tomar decisiones, puedes salir de casa, puedes trabajar o vestir como te gusta. Cuando no tienes ninguna opción para nada significa que no tienes vida. Y ellas viven así, Afganistán es una cárcel. Es horrible lo que está pasando”.
Lo cierto es que, en la actualidad, las mujeres en Afganistán no pueden estudiar ni trabajar, se tienen que casar de manera forzada y obedecer a sus esposos. Tampoco pueden cantar o hablar en vía pública debido a la ley de moralidad impuesta en agosto del 2024. Borradas del espacio público y silenciadas, la segregación y discriminación que sufren las mujeres y niñas en Afganistán puede entenderse como persecución de género, un crimen contra la humanidad. Historias como la de Katrina refuerzan la necesidad de seguir solidarizándonos con las mujeres y niñas afganas y seguir defendiendo el derecho de asilo.
El feminismo ha sido su refugio, “ha estado en mi familia desde siempre; lo fue mi abuela, luego mi madre y después yo”. Katrina tiene claro que son las mujeres quienes más sufren “en todo el mundo, en España, en Afganistán. No tenemos el 100% aún de los derechos asegurados en ningún lugar del mundo. En Gaza y en Palestina también ocurre. En cualquier guerra sufren más las mujeres. Por eso, para mí el feminismo es muy importante«. Y prosigue recordando que las mujeres tienen que luchar más para salir adelante. “Es injusto. Sueño con seguir mi activismo y enfrentar la ignorancia de los talibanes y las injusticias que sufrimos las mujeres. Mi deseo es que las mujeres podamos ser libres”.
El doble impacto de migrar
Tras llegar, Katrina estuvo “llorando durante un año”. Según cuenta, no conseguía dejar atrás su tristeza, luchaba contra ella misma y añoraba su libertad y todo lo que dejaba atrás, su vida anterior. “Pasar el dolor”, como ella dice, no es fácil.
“Al año vi que tenía que trabajar, que no podía seguir llorando cada día, en una habitación con una cama de 90 con mi hija. Tomé la decisión de buscar trabajo sin saber ni una palabra, me comunicaba con el cuerpo. No podía hablar, pero sí trabajar”.
En la actualidad es una mujer fuerte y sonriente, que se expresa casi a la perfección y que busca seguir formándose en el idioma. “Ahora trabajo para pagar facturas, tengo una casita y mi hija está creciendo, habla euskera y español. Ella está sana y mi vida es normal. Estoy intentando salir adelante, y eso significa para mí aprender mejor el idioma”.
Cuando hace balance de su historia de migración, de su condición como refugiada, lo tiene claro: “Haber dejado mi país tiene dos partes, una positiva y otra negativa. Por un lado, tengo suerte de haber podido salir de una guerra, llegar a España y tener una vida normal, puedo salir a la calle y tengo trabajo. Pero también ha sido duro, he empezado mi vida de cero, sin saber el idioma, enfrentando muchos obstáculos. Es duro asumir que no tienes tu posición, que no eres lo que tú eres capaz. Hay discriminación. Enfrentamos muchas cosas las personas refugiadas”.
La ideología de los talibanes es la ignorancia, matar a mujeres para generar miedo y que sea un ejemplo de miedo para otras mujeres Compartir en X
