Valentyn logró poner a salvo su vida por partida doble
La guerra en Ucrania y un grave problema de salud forzaron a Valentyn a salir de su país hasta llegar a España. En 2024, un diagnóstico médico le devolvió la esperanza y la ilusión por empezar una nueva vida en Málaga.
Durante los primeros meses de la guerra en Ucrania, Valentyn tomó la decisión más difícil de su vida. Hasta entonces vivía con su familia en la ciudad de Chernovtsy, al sur del país, donde había terminado sus estudios en electrónica.
La invasión rusa se intensificaba y las consecuencias sobre la población civil comenzaban a ser devastadoras. Miles de personas abandonaron sus hogares como única alternativa para salvar sus vidas y la Unión Europea empezaba a recibir a miles de personas. La familia de Valentyn no era una excepción. La idea de salir de Ucrania tomaba fuerza entre el miedo y la incertidumbre. “Nunca había imaginado que tuviera que abandonar mi país por un motivo como este”, señala. Sin embargo, el entorno tranquilo de su región comenzaba a dejar de ser seguro.
En este contexto, para Valentyn, la dura realidad del conflicto era acompañada, cada vez con más fuerza, por su propia realidad. Y es que hace nueve años este joven de 24 años fue diagnosticado de una enfermedad. “Durante los primeros seis años tomé pastillas todos los días, decían que era el único tratamiento posible, pero no mejoraba”. Fue en los primeros compases de la guerra cuando le comunicaron lo que nunca esperaba escuchar. El tratamiento no funcionaba y necesitaba urgentemente un trasplante de hígado. Su vida cambió por completo en ese instante.
Desconfiados del diagnóstico, Valentyn y su familia buscaron opciones en Ucrania. Sin embargo, debía trasladarse a Kiev para ser intervenido. Pero, por aquel entonces, la guerra había avanzado lo suficiente como para que la capital y su entorno fueran inseguros. “Ni siquiera los centros sanitarios eran lugares seguros”, señala.
Salir como única opción
A medida que avanzaba la guerra, las alternativas a su estado de salud comenzaban a disminuir. Comprendió en ese instante que la única opción para salvar su vida era huir. Con el apoyo de su familia, quien tomó la decisión de quedarse, contactó con una persona que viajaba desde su ciudad a Málaga.
Tras tres días de viaje en coche llegaron a la capital de la Costa del Sol. Fue un viaje directo hacia lo desconocido, cargado de miedos e inseguridades, pero también de esperanza, como la que trasmite con cada una de sus palabras.
Un diagnóstico médico que cambió su vida
Cuando llegó a Málaga, fue atendido por una organización, que lo derivó al CREADE para iniciar su solicitud de protección temporal.
“Cuando llegué a Málaga no sabía dónde estaba ni tampoco hablaba español. Pero fue fácil, porque mi único objetivo era estar sano, el resto no me importaba. Estaba muy esperanzado e ilusionado.”
Con una sonrisa en la cara recuerda sus primeros días en el centro de acogida. “Era muy grande, había mucha gente ucraniana y rápidamente me derivaron a hacerme pruebas médicas”. Recuerda también que en todo momento estuvo acompañado por las integradoras y trabajadoras sociales, quienes fueron un pilar de apoyo fundamental en todo el proceso de inclusión.
Durante su estancia en el programa aprendió español, y se formó como ayudante de cocina. “Estudié español cada día, quería aprender para preguntar al personal sanitario”, cuenta.
Después de un año, y tras muchas pruebas, llegó una nueva noticia inesperada. La hepatóloga le confirmó que no necesitaba ningún tipo de trasplante de hígado, su patología venía del corazón. “En ese momento entré en shock, no entendía nada”, se lamenta. Y así fue como comenzó un nuevo proceso, pero esta vez más esperanzador porque después de muchos años de búsqueda habían detectado lo que realmente ocurría.
“Estoy muy agradecido a quienes me atendieron, gracias a ellos he recuperado mi vida.”
Recuerdos del pasado y una nueva esperanza
La vida de Valentyn ha cambiado mucho en los últimos meses. “Ahora me gusta todo”, dice mientras sonríe. El proceso de recuperación fue rápido y pronto pudo comenzar a trabajar. Ahora lo hace como montador de muebles en una empresa malagueña.
Sin embargo, a pesar de la distancia y de estar centrado en la mejora de su estado de salud, cada día de estos tres años ha deseado que la guerra termine. “Empezar una guerra es una tontería”, lamenta. “No puedo ver a mi familia, no pude ver como creció mi hermana pequeña, ni cuando nació mi sobrino”, continúa con tristeza.
En todo este tiempo su familia ha permanecido en su ciudad; “siempre están en casa, tienen miedo”, asegura. Su deseo ahora es vivir en Málaga, le encanta la ciudad, “tiene muy buen clima, tiene el mar y mucho sol”. Espera en algún momento, no muy lejano, poner en marcha su propio negocio y comprarse una casa. Pero hay algo que desea por encima de todo, reencontrarse con su familia y que venga a vivir a Málaga para emprender una nueva vida a orillas del Mediterráneo.
“Si quería salvar mi vida mi única alternativa era salir de Ucrania” Compartir en X
