«En mi país ser mujer transgénero es una sentencia de muerte»

Al menos 3.664 personas transgénero han sido asesinadas en el mundo desde el año 2008. Aunque seguramente el número de víctimas sea bastante superior y ni siquiera refleja una mínima parte de la terrorífica realidad que viven muchas personas por ser, sentir o amar. Personas como Loren, que tienen que huir de sus países para no ser un número más de esta fría estadística.

 

“Lastimosamente en Colombia ser una mujer transgénero es una sentencia de muerte. La vida no tiene ningún valor, ni para las autoridades ni para nadie. Las mujeres trans somos un cero a la izquierda, un número más”, denuncia Loren.

Ella era la única mujer transgénero en Versalles, un pequeño pueblo del Valle del Cauca. Sin embargo, siempre se sintió querida por sus vecinos y vecinas, y sobre todo por su familia. “Tenía una vida maravillosa”, recuerda con nostalgia.

Sin embargo, un día, cuando regresaba a casa, todo se torció. Por fuera le estaba esperando una persona a la que consideraba su amigo. Lo que no imaginaba es que a partir de ese día se convertiría en su mayor enemigo y amenaza. “Me impactó dos veces por la espalda con un arma de fuego. Quedé tirada en el piso. Estuve 40 minutos tirada en la calle, sin ayuda de nadie. Nadie quiso auxiliarme”, señala.

Su hermana fue a pedir ayuda a las autoridades, pero según cuenta, al principio no le hicieron caso. Tardaron 45 minutos en llegar y llevarla al hospital. “Me tuvieron que hacer cirugías, porque tenía esquirlas en la mitad de la médula y la columna, y no tenía movilidad en la pierna derecha. Fue muy frustrante verme así, porque yo tenía una vida preciosa con mi familia”, afirma Loren.

La persona que le atacó se fue un tiempo del pueblo y ella trató de continuar con su vida “con muchos temores y con muchos miedos”, pero también “con mucha fortaleza”, porque pensaba que lo peor ya había pasado.

Pasados los años él regresó y la amenazó con acabar lo que había empezado. Así que no le quedaba otra, tenía que huir de su pueblo dejando atrás su familia y toda su vida. Intentó regresar al lado de su madre, pero no podía vivir con el miedo y la incertidumbre constantemente. Pensar que en cualquier momento le podía volver a atacar impunemente, ante la pasividad de las autoridades. Así que se puso en contacto con una amiga en Europa y sacó un billete de avión para huir definitivamente del país y buscar un lugar donde vivir a salvo. “Obviamente estaba en juego mi vida y mi integridad como persona”, denuncia.

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España, un país no tan acogedor para las personas LGTBIQ+

Cuando llegó a España se esperaba encontrar un país donde podía ser ella misma, sin tener que ocultarse, ni fingir nunca más. Pero enseguida se dio cuenta de que “no todo era de colores, aún falta mucha cultura, aún hay muchísima homofobia, mucho estigma y muy pocas posibilidades de conseguir un trabajo digno”.

De hecho, Loren se imaginaba trabajando en el servicio doméstico, como hacía en su pueblo natal y como hacen muchas mujeres colombianas que ha conocido aquí. Pero un día se presentó a una entrevista para trabajar en una casa y le pidieron que se bajara la mascarilla. Cuando lo hizo, le dijeron que era un hombre y que no podían darle el trabajo.

“Por eso, muchas mujeres trans, incluyéndome a mí, tuvimos que ejercer el trabajo sexual para salir adelante. Para mí no fue fácil, fue demasiado duro”, comenta Loren.

Hasta que un día supo que, debido a que había huido de su país por amenazas, tenía derecho a solicitar asilo. “Gracias a Dios llegué al proceso de CEAR y en ese momento mi vida cambió muchísimo. Ahora me siento más segura, más tranquila, y sé que no tengo que ejercer la prostitución o hacer cosas de las que luego arrepentirme”.

Gracias al proceso de acogida ya está pudiendo poco a poco rehacer su vida, estudiando para ser técnica sociosanitaria y en un futuro no muy lejano ser enfermera. Un  sueño que se podría ver truncado repentinamente si rechazan su solicitud de asilo, como le sucedió al 98% de solicitantes de asilo colombianos y colombianas el año pasado.

No obstante, es consciente de que aún queda mucho camino por recorrer para no ser discriminada por ser una mujer transgénero y migrante. “En España debería haber más inclusión hacia todo tipo de personas y que haya más diversidad. El ser homosexual, transgénero o lesbiana no nos hace menos que a los demás, porque somos seres humanos como todos, tenemos los mismos sentimientos y los mismos derechos que cualquier persona”, concluye Loren.

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