Maryam: “Aunque estaba embarazada de cuatro meses, fui devuelta a Turquía”

Cuando llegó a Europa no se lo podía creer. Lo había intentado en múltiples ocasiones, a través de todas las rutas posibles (e imposibles), y siempre habían sido devuelta a Turquía sin poder solicitar asilo.

 

Lo hubiera intentado hasta la muerte si hubiera sido necesario. Atrás solo dejaba una vida de “humillación” y condiciones de “esclavitud”, primero en Irán y luego en Turquía. “En mi país solo se escucha a los hombres. Las mujeres no tenemos derechos”, recuerda con amargura Maryam. Fue por eso, entre otros motivos, por los que tuvo que huir junto a su hermana.

Lo que no imaginaban es que su destino sería una ratonera en la que están atrapadas, en precarias condiciones, más de 3,5 millones de personas refugiadas. “Aunque pedí asilo, tuve que trabajar como una esclava durante casi cinco años en Turquía”, denuncia.

Una experiencia que la acabó de convencer de que solo podría tener una vida digna si lograba llegar a Europa. Daba igual cómo y a qué precio, lo único que sabía a ciencia cierta es que no había manera legal de cruzar la frontera, y menos tras la entrada en vigor del Acuerdo UE-Turquía. La única opción que les quedaba era poner sus vidas en manos de traficantes para conseguir llegar a Grecia. La primera vez intentó entrar en Grecia por la vía terrestre, pero antes tenía que sortear con un bote inflable el peligroso paso del río Evros, donde al menos 39 personas se ahogaron en 2018.

“Estaba embarazada de cuatro meses. Caminamos más de nueve horas hasta llegar al río y cuando logramos traspasar la frontera nos escondimos en el bosque durante cuatro días. Nos quedamos sin comida, sin suministros, sin agua… Tuvimos que beber agua de lluvia”, relata Maryam. Al final tuvieron que dirigirse a la ciudad más cercana a pedir ayuda, donde fueron detenidas por la policía griega. “Nos quitaron todas nuestras pertenencias y nos devolvieron a Turquía, donde nos humillaron por haber fracasado”.

Sin embargo, esta traumática experiencia no impidió que lo volvieran a intentar por segunda vez a través de la vía terrestre, con parecido desenlace. Así que decidieron cambiar de ruta y tratar de llegar a través del Egeo a las islas griegas. La muerte acechaba en ambas alternativas, pero el mar aún era un paso inexplorado para ellas. “Nos metimos alrededor de 54 personas en un bote hinchable, niños incluidos. Llevábamos poco más de una hora de trayecto cuando se agujereó la embarcación. Tuvimos que llamar a la policía para no morir en el agua. Nos arrestaron y nos llevaron otra vez a costas turcas”.

Pero si algo tenían claro es que preferían morir a seguir malviviendo en Turquía. Al final, tras un nuevo intento fallido, lograron llegar a Grecia donde esperan por fin encontrar el ansiado refugio que siempre les han negado.

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