Cuando ser mujer te condena: la historia de Marwa, cuatro años después del regreso de los talibanes
Esta joven arquitecta afgana comparte su historia de refugio tras el regreso de los talibanes en 2021 y cómo, paso a paso, reconstruye su vida en Sevilla junto a parte de su familia y con el apoyo de CEAR.
Marwa tiene 28 años y nació en la provincia afgana de Bamyan, ubicada en el centro del país. Forma parte de una familia numerosa: son ocho hermanas y dos hermanos. Un total de diez hijos que, junto a su madre (su padre falleció), han crecido y aprendido bajo los valores del respeto, la educación y el esfuerzo. Su historia es la de muchas mujeres afganas que se vieron obligadas a abandonar su país cuando el terror volvió a gobernar sus calles. ‘‘Antes todo estaba bien, la gente tenía un futuro por delante. Mis hermanos iban a la escuela, yo trabajaba, una de mis hermanas estudiaba en la Universidad… Pero el 14 de agosto de 2021, yo iba para el trabajo y mi hermana me dijo que no podría ir ese día: los talibanes habían regresado al poder. El miedo y la fobia se apoderaron inmediatamente de todo el mundo’’.
Un futuro prometedor truncado y una prisión para las mujeres
Marwa tenía una vida activa, con metas claras. Era arquitecta, trabajaba para dos empresas y, además, impartía formación a mujeres para que conocieran sus derechos, exploraran sus sueños y reflexionaran sobre su futuro. “Les hablaba de viajar, de formarse, de tener objetivos en la vida”, recuerda ahora con nostalgia. Pero aquel agosto su mundo cambió. La angustia se convirtió en norma y la libertad en un recuerdo.
“Desde entonces vivíamos sin saber si al día siguiente estaríamos vivos, si volveríamos a casa tras salir. Y la mujer… la mujer se quedó sin derechos”. En cuestión de meses, las mujeres fueron borradas del espacio público: primero se les prohibió ir a la escuela, después salir de casa, y más tarde hasta estudiar online. Así lo asegura Marwa. ‘‘La mujer es considerada solamente para casarse. No tiene voz, ni futuro, ni seguridad. No podemos hablar, ni aprender, ni tocar. No podemos hacer nada”.

Cruzar fronteras: de la invisibilidad impuesta en Irán a la esperanza en España
Esta situación llevó a la familia de Marwa a tomar la decisión de abandonar Afganistán en diciembre de 2023. ‘‘No teníamos libertad. Eso ya no era vida’’.
Antes de llegar a España, Marwa y su familia huyeron a Irán, pero allí tampoco fueron libres. “Pensé que me sentiría más segura, pero no fue así”. Ser mujer volvió a ser un obstáculo: no podía moverse sola, hacer gestiones, ni siquiera arreglar documentos sin la presencia de un hombre. ‘‘Era una cárcel sin barrotes, donde la desigualdad también estaba institucionalizada’’.
Poco más de dos meses duró su estancia en Irán, y en marzo de 2024, Marwa y su familia tomaron la decisión de viajar a España en busca de la libertad y estabilidad que tampoco habían encontrado en el país vecino. Llegaron a España a través del aeropuerto de Madrid-Barajas el 4 de marzo de 2024. Aquel día lo recuerda con una mezcla de miedo y gratitud. “Nunca me olvidaré del hombre que nos ayudó desinteresadamente ese día. Nos dio dinero para buscar un alojamiento aquella primera noche en Madrid’’. Aunque no tiene forma de contactarlo, guarda su gesto con cariño. Tras una estancia de casi cuatro meses en San Sebastián, donde la familia fue atendida por Cruz Roja en la fase de valoración inicial, llegaron a Sevilla en julio de 2024.
‘‘Al principio, el miedo seguía dentro: otro país, otro idioma, otro mundo. Pero poco a poco fui encontrando un refugio emocional y humano. En el centro de acogida de CEAR en Mairena del Aljarafe, mi familia y yo hemos ido reconstruyendo nuestras vidas, nuestras rutinas’’.
Marwa habla con especial gratitud de las personas que encontró en CEAR. “Las trabajadoras sociales fueron muy amables con nosotras desde el primer día, desde que nos recogieron en la estación de tren. Siempre dispuestos a ayudar”.
El refugio más difícil: encontrar un hogar
Buscar una vivienda e iniciar una vida autónoma tras un año en el centro de acogida ha sido la principal dificultad para la familia de Marwa. Y es que el acceso a una vivienda digna se ha convertido en un reto de primer orden, un derecho cada vez más inaccesible especialmente para las personas en situación de vulnerabilidad, entre las que se encuentran las migrantes y refugiadas, debido a las discriminaciones a las que se ven sometidas diariamente.
A esta problemática se sumaba la condición de familia numerosa: actualmente son siete miembros, la madre de Marwa, cuatro hermanas, un hermano y ella.
Tras muchas llamadas y visitas, Marwa y parte de su familia han logrado por fin alquilar una vivienda este mes de julio. Ha sido un proceso largo y lleno de obstáculos, marcado por trabas y reticencias. Aunque han conseguido un lugar donde empezar de nuevo, el espacio no es suficiente para todas, por lo que dos de sus hermanas siguen acogidas por CEAR.
Afganistán sigue doliendo
Aunque esté lejos, Marwa no puede olvidar lo que ocurre en su país. Su hermano mayor continúa en Afganistán y con él habla casi a diario. Todo lo que le cuenta reaviva en ella una realidad que no deja de doler. “La situación es muy difícil. Hay chicas que desaparecen, que luego aparecen muertas. Es un horror cotidiano que sigue marcando a quienes aún resisten allí’’.
El resto de la familia está en diferentes partes del mundo: una hermana menor en Francia, otra en Canadá y una más en Irán.
A pesar de todo, el sueño de Marwa no ha cambiado: quiere seguir aprendiendo, estudiar un máster, ejercer como arquitecta y viajar por el mundo. Su historia no es solo la de una mujer refugiada, es la de una joven que se resiste a que su vida quede definida por el miedo. En Sevilla, se siente cada día más libre y más viva.
Hoy, a cuatro años del regreso de los talibanes al poder, la historia de Marwa nos recuerda que en algunos lugares la libertad no es un derecho, sino una conquista. Que detrás de cada mujer refugiada hay una vida arrancada y otra que empieza. Y que el refugio no es solo un techo, también un derecho fundamental para poder volver a soñar.
