Mariana: “Todo lo que necesitaba era amor y atención”
Nació hace 40 años en Nigeria y desde muy joven sufrió discriminación por ser y querer. Se marchó de su país bajo la promesa de recuperar la dignidad. Un viaje hacia aquello que nunca imaginó la llevó a Málaga, ciudad que la abrazó para darle todo ese amor que nunca tuvo y que ahora, por fin, recuperó para vivir la vida que siempre quiso vivir.
La infancia de Mariana no fue fácil. Esta joven nigeriana creció en el seno de una familia tradicional y humilde, alejada de lo que toda niña necesita: cariño y amor. Desde muy pequeña no sintió atracción por la forma de vestir de las mujeres, ni se expresaba con gestos que su madre considerara femeninos, tal y como le exigía, amenazándola y golpeándola por no hacerlo.
A pesar de todo, ella se recuerda distinta, una chica cariñosa y atenta, dispuesta a dar lo que no recibió. También tenia algo muy claro: quería convertirse en alguien importante. Quería ser futbolista, pero no se conformaba con hacerlo en su país. Quería algo más, porque Mariana no tiene límites. Su mayor sueño era vestir la camiseta del Real Madrid, su equipo favorito.
Pero, su sueño se desvaneció pronto. “Mi país me falló, mató mi sueño”, lamenta. Cuando su familia conoció su orientación sexual fue rechazada: “Me odiaban porque mi vida era diferente a la del resto”, confiesa. Tuvo varias relaciones, siempre en secreto y con el miedo constante a ser descubierta y castigada, pues en Nigeria las personas LGBTIQA+ pueden enfrentarse a penas de hasta 14 años de prisión. Hasta que un día ocurrió algo que nunca pudo imaginar. Mariana y su pareja de entonces fueron sorprendidas por un grupo de hombres, quienes la agredieron. “Sentí mucho dolor y miedo por poder quedarme embarazada, sería una mala hija para mi madre”, comenta.
Con la esperanza de recibir apoyo, fue a denunciar la agresión a la policía, pero la respuesta fue devastadora. En lugar de ayudar, recibió burlas, carcajadas y desprecio. Mariana no solo estaba siendo discriminada por su orientación sexual, sino también por su género. Discriminada por ser y amar. Una realidad cada vez más frecuente en un país, donde la homofobia impera de norte a sur.
Promesas de libertad
Aquello supuso un antes y un después. Mariana tuvo al hijo, pero “no sentía amor, no podía querer a un hijo fruto de una violación porque ese no era mi sueño”, apunta. A pesar de todo, logró levantarse y encontró a alguien que le ofreció ayuda para ponerse a salvo. Confió en aquellas promesas de libertad y seguridad, y decidió marcharse de Nigeria, dejando a su hijo al cuidado de la única familiar con la que mantenía contacto, su tía.
Cuando llegó a Níger todo cambió. La persona amable y atenta que le prometió ponerla a salvo se transformó en todo lo contrario: “ese tipo era un animal, no un humano. La vida que nunca quise tener, tuve que vivirla”. Esta frase describe exactamente lo que el tránsito migratorio fue para Mariana.
Durante este tiempo fue maltratada, golpeada, encerrada… Se convirtió en una esclava: “me obligaron a hacer cosas que nunca creí poder hacer”, confiesa. Este desgarrador relato contrasta con la sonrisa que la acompaña al contarlo, una sonrisa que irradia esperanza y fortaleza. Tras pasar por Níger, Malí, Mauritania y Marruecos, Mariana llegó a España.
Al principio, la situación no mejoró. En Madrid, la volvieron a privar de libertad. Sentía que no podía confiar en nadie, estaba viviendo una vida que no le pertenecía, en la que no se reconocía. Angustiada, desubicada, sentía que solo vivía para sobrevivir, no estaba viviendo su vida. No era feliz.
Consiguió escapar de aquel dolor y llegó a Málaga con una propuesta laboral. Trabajó como personal de limpieza en una casa. Allí conoció a una mujer, con quien inició una relación. Pero no confiaba en nadie: “cuando tu familia muere, no confías en nadie, si nadie te ayuda, es difícil confiar”. Así de rotunda se muestra Mariana rememorando aquel tiempo de confusión, tristeza y desconfianza.
Amor, confianza y seguridad
Pero un día alguien le habló de CEAR. Aquel momento le cambió la vida. “En CEAR conocí a alguien que me sacó de mi oscuridad”, rememora. Solicitó asilo en Málaga y entró a formar parte del sistema de acogida de protección internacional. Fueron tiempos de trabajo constante con su trabajadora social y de largas conversaciones y sesiones con su abogada y psicóloga, hasta que un día confesó la verdad que durante tanto tiempo había mantenido oculta: el verdadero motivo por el que huyó de su país. “Recuerdo que le dije a mi abogada: esta soy yo, soy lesbiana”. Nunca antes lo había exteriorizado. El miedo y la desconfianza la habían mantenido completamente paralizada.
Tras un largo proceso, tanto personal como acompañado por el equipo de CEAR, fue recuperando poco a poco aquello que le arrebataron durante tanto tiempo. Hoy lo tiene claro: “todo lo que necesitaba era amor y atención, y en CEAR me dieron todo lo que necesitaba”.
Ahora, Mariana mira al futuro con esperanza y dignidad, con la seguridad de vivir en una ciudad que la abraza. “Ahora tengo un trabajo, y puedo vivir tranquila. Ahora soy feliz”, concluye.
