Jepherson: «Colombia se ha convertido en un infierno»

Jepherson llegó a España hace 7 meses. Lo acompañaba su esposa Yesica y su pequeña de 3 años, Sofía. Con ellos también viajaron su hermano Sebastián, junto a su novia Estela y el hijo que ambos tienen en común con tan solo 2 años. El secuestro de Sebastián precipitó la huida de esta joven familia afincada en la región colombiana del Valle del Cauca.

 

Jepherson y Sebastián pertenecen al movimiento político ‘Colombia Humana’ que promueve, entre otras ideas, el cumplimiento de los derechos humanos, el cuidado del medio ambiente y la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.

‘‘Pertenecemos a un movimiento político de la oposición. Por nuestros ideales, por nuestro accionar en contra de la corrupción, y a favor de los derechos humanos, de la libertad y de la paz, hemos sido objetivo militar de fuerzas oscuras del gobierno de Colombia. Prácticamente, se nos impide pensar libremente’’, asegura Jepherson.

El padre de Jepherson y Sebastián pertenece a un grupo sindical de profesores; es un líder social. Desde muy pequeños, estos hermanos han crecido en un contexto familiar caracterizado por el compromiso social y la lucha por la igualdad. ‘‘A raíz del trabajo que hemos desempeñado mi hermano y yo junto a mi padre -de acompañamiento mutuo en marchas, protestas y denuncias- hemos sido afectados directamente por la violencia’’.

En noviembre de 2016 el Acuerdo de Paz entre el gobierno colombiano y las FARC parecía poner fin a los conflictos en Colombia. ‘‘El tratado de paz fracasó desde el momento en el que se firmó’’, lamenta Jepherson. Afirma que la realidad del país es muy diferente, ‘‘ha crecido en un porcentaje altísimo la violencia y la desigualdad social; la corrupción está desbordada, hay un atropello contra los derechos humanos, hay asesinatos contra líderes sociales y sindicales… Y el gobierno no toma ninguna medida para proteger a estos últimos o para enfrentarse a todo esto’’. A ello se suma el narcotráfico, ya conocido en Colombia, el estado de pobreza y abandono de la población, las guerrillas, las bandas criminales y otras cuestiones sociopolíticas que, tal y como asegura Jepherson, ‘‘tristemente convierten al país en un inferno’’.

Hasta finales de 2019, Jepherson regentaba un negocio familiar dedicado a la fabricación de todo tipo de mobiliario. Comenzó a formarse en ingeniería civil y se adentró en el mundo de la arquitectura y el dibujo técnico. Su pasión por las artes gráficas y el diseño de producto le llevaron a ser un emprendedor creativo. Sin embargo, fue a principios de ese mismo año cuando sus sueños y proyectos se vieron truncados.

Secuestro y amenazas

«En enero de 2019 ocurrió algo que lo cambió todo. Ya desde años atrás veníamos recibiendo amenazas constantes, aunque siempre lográbamos salir adelante. Pero en enero secuestraron a mi hermano menor, Sebastián. Él tenía 17 años, acababa de salir del colegio junto a un sobrino de mi esposa, y dos hombres los raptaron, a los dos. Los llevaron a una parte alejada de la ciudad en unas motos y allí los intimidaron y amenazaron. Los agredieron física, verbal y psicológicamente durante tres horas».

La actuación de las fuerzas militares fue crucial para la liberación de Sebastián y el otro menor. Sin embargo, tras ese suceso, la situación se volvió más complicada para la familia de Jepherson. El secuestro de Sebastián abrió la veda a una serie de amenazas, acosos y agresiones que se volvieron diarios.

A finales de año la decisión estaba tomada. Toda la familia, los padres de Jepherson, su hermano y su pareja, su sobrino, su esposa y su hija viajarían con él a España. Al emprender este camino, Jepherson no solo renunciaba a su negocio y a todo aquello que había conseguido con su trabajo, también renunciaba a su hogar, a sus raíces, a su familia, a una vida.

Hoy, Jepherson y su familia son solo un ejemplo de los miles de colombianos solicitantes de protección internacional en España. Viven en Andalucía, aunque sin sus padres, que tuvieron que regresar a Colombia por motivos de fuerza mayor. ‘‘En estos momentos ellos se encuentran en Colombia sorteando todo tipo de obstáculos y corriendo peligro, porque no hay garantías de nada. Día tras día van defendiéndose y saliendo adelante’’.

Ahora, estos jóvenes colombianos se aferran a la esperanza y a su instinto luchador mientras esperan la resolución de su solicitud de asilo.

 

Ayúdanos.

Con una aportación de 10€ nos ayudas a proporcionar el material escolar para niños y niñas refugiadas