Pheece, Blessing, Hassan, Murtada: huir de la encrucijada libia

Cuatro testimonios, a través de sus palabras y sus rostros, de personas que han vivido en la  “encrucijada libia” extraídos del libro The Lybian crossroads. Pasaje mortal 2011-2022 del prestigioso fotoperiodista Ricard García Vilanova, editado por Blume y que contó con el apoyo Comisión Catalana de Ayuda al Refugiado (CCAR). 

 

Costa de Libia, buque de rescate de la ONG Médicos sin Fronteras.

Pheece, 22 años. Huí de Nigeria por Boko Haram. Nunca olvidaré el día en que escuché una explosión y corrí a casa para descubrir que mis padres y mis hermanos se habían ido… No tenía otra opción que correr para salvar mi vida. Recuerdo las imágenes en Al Jazeera, personas corriendo y escapando. Me dije a mí misma: Corre, escapa… es tu única oportunidad de sobrevivir. Tenía un trabajo, una vida, pero tenía que irme si quería seguir con vida.

Conseguí llegar a Libia, donde recibí maltratos y torturas; me trataron como un animal… No tenía la información que tienes tú, no sabía que había una guerra; para mí nada podía ser peor que lo que estaba dejando atrás. En este barco, ahora, me siento feliz de estar viva y muy agradecida por aquellos que nos están ayudando. ¿Para el futuro? Espero una vida digna y humana, en la que nunca más me traten como a un animal.

 

Centro de detención para refugiados y migrantes en Surman (Libia).

Blessing, 19 años. “Hace dos años mi padre fue asesinado por Boko Haram. Mi madre también está muerta. Ellos lo controlan todo, por eso tuve que huir de mi país. Vine a Libia a pie con otra chica que murió en el desierto. No teníamos apenas comida ni agua. Llegué hace un año, después de un mes de viaje. Encontré trabajo con una familia en Trípoli para la que cocinaba y limpiaba. Un día, de vuelta a mi casa, me detuvieron en la calle y me trajeron a este centro de detención. Nadie me ha explicado por qué estoy aquí ni cuándo podré salir. No quiero viajar a Europa ni volver a Nigeria: es muy peligroso y allí no tengo a nadie. Tengo miedo”.

 

Punto de trabajo estacional, Zuara (Libia). 

Hassan, 31 años. “He estado dos años en Libia. Salí de Níger con la esperanza de una vida mejor. La primera idea era tratar de llegar a Europa, pero si encuentro una vida estable aquí, puedo quedarme. Soy africano y permanecer en Libia podría ser bueno para mí si consigo tener oportunidades. Por el momento, vivo al día y trato de encontrar suficiente dinero para dormir y comer. Mañana será otro día.

He recibido una educación. Quiero ir a un lugar donde tenga libertad, pero donde también pueda ser independiente. Si las personas se van, es porque no tienen otra opción. Si realmente pudiéramos, nos quedaríamos. ¿Por qué íbamos a arriesgar nuestras vidas en un bote y dejar todo atrás si tuviéramos oportunidades en África?”.

 

Campo de refugiados, Agadez (Níger).

Murtada, 22 años. “Huí de Sudán por inseguridad y porque quería una vida mejor con más oportunidades. Sin embargo, la realidad que encontré fue muy diferente… incluida la detención en Libia, donde me torturaron y donde pensé que moriría tras ver cómo asesinaron a un buen amigo, a tiros, frente a mis ojos. Guiados por nuestro instinto de supervivencia, al cabo de 4 meses, escapamos y después de muchas pruebas logré llegar a Níger, donde sabía que iba a obtener protección.

Llegué a Níger en 2018, donde me alojo en un campamento que cuenta con el apoyo de ACNUR. Mi situación es mejor, pero todavía no tengo vida… Problemas físicos y psicológicos, sin educación, sin oportunidades y sin futuro, porque no hay futuro sin educación… Sé que no puedo volver a Sudán, pero sigo creyendo que puede suceder algo mejor. Cuento con la comunidad internacional para hacer todo lo posible para ayudarme, tanto a mí como a mi gente, para tener un futuro, uno auténtico”.

 

Más información y enlace para adquirir el libro:

También disponible en inglés.

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