Adama, Gambia: “Todas las chicas tienen que decir no a la ablación”

Adama, de 18 años, nació en Gambia. Con tan solo cinco años, su padre la sometió a la ablación. La mutilación no llegó a culminarse, motivo por el que, una década después, la familia decidió obligarla de nuevo a repetirla. Fue entonces cuando huyó de su país con 15 años, en plena noche y sin llevar más que lo puesto, comenzando un periplo que le llevaría a Senegal, Mauritania, Marruecos y, finalmente a España.

Cruzó la frontera en un barco de mercancías. Sus primeros días durmió en la calle, hasta ingresar en un centro de menores. Cuando cumplió la mayoría de edad, CEAR le ofreció un centro de acogida y le animó a continuar sus estudios. “Ahora pienso que tengo futuro”, asegura antes de afirmar que le gustaría ser enfermera. “Mi vida correría peligro si volviera a mi país”.

La ablación o mutilación genital femenina es uno de los motivos de persecución de las personas refugiadas por género. Junto a otros motivos como la violencia de género, orientación sexual e identidad de género, matrimonio forzado, feminicidio, esterilización forzada, aborto selectivo, crímenes de honor, defensa de los derechos humanos de las personas perseguidas por motivos de género, o trata de personas con fines de explotación sexual; la ablación constituye una grave vulneración de los derechos humanos.

El deseo de Adama es que ninguna niña o mujer tenga que pasar por su propia experiencia.

 

 

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