CEAR presenta a las ganadoras del VI Concurso de Relatos por Refugio

El pasado 2 de junio CEAR celebró la entrega de premios de su VI Concurso de Relatos por Refugio. Impulsado por el servicio de aprendizaje del idioma, estos relatos cortos muestran el talento y capacidad de las personas refugiadas, así como su valentía. 

La biblioteca pública municipal Eugenio Trías, en el contexto de la Feria del Libro, acogió la ceremonia de entrega de premios del VI Concurso de Relatos por RefugioLuis García Montero, escritor, poeta y director del Instituto Cervantes, fue el invitado de honor a cargo de la bienvenida. Con emotivas palabras, el poeta recordó la necesidad de “quitarle agresividad a las fronteras y conocernos a nosotras mismas, sabiendo que las puertas están abiertas y que cualquier intento de cerrarlas va contra la dignidad humana”.  

En cada categoría, distintas invitadas relacionadas con el mundo de la cultura, así como trabajadoras de CEAR, entregaron los premios. De su crítica a cada texto se desprende las pasiones que habían despertado, emocionando al auditorio y a las propias ganadoras.  

 

Expresar partiendo de lo más básico

Las ganadoras de la categoría inicial cuentan con un mérito tremendo: expresar mucho con las herramientas del lenguaje más básicas. La niña dentro de ella, de Nazire Sari y ganadora del tercer premio, trata la relación entre lengua, identidad y pertenencia; sobre cómo habitar nuevos mundos y nuevas formas de sentirse en casa sin dejar de ser quien es.  

El segundo premio fue para La foto del año, de Nuha Keita, que lanza un mensaje impactante sobre quiénes somos y quiénes podemos ser, dónde podemos situarnos en este mundo. El primer puesto de esta categoría inicial fue para Las rarezas de Kuchlik, de Svitlana Honcharenko, que apela al amor y a la originalidad, demostrando con ternura que lo diferente es enriquecedor y que la creatividad nos salva. 

 

La capacidad desbordante del vaso medio lleno

La categoría intermedia reveló que estar a mitad de camino conlleva una riqueza de expresión indiscutible: no es necesario alcanzar la perfección para emocionar. El ganador del tercer premio fue de Shuayb Said Sahal con su Ahmed y la luz que volvió a su vida. A pesar de no poder estar presente durante la jornada, su breve relato trasladó la importancia emocional del desarraigo, el silencio de quien no entiende el idioma, quien camina entre nosotras sin ser visto. Muestra cómo la luz no llega de golpe, sino en pequeños destellos y que las redes humanas se construyen poco a poco y con valentía. 

En segundo puesto quedó Lamine Camara con El mar no pudo parar mi sueño, que narra la dureza del trayecto migratorio y el valor de la esperanza y el amor como motor a lo largo de la vida. El primer premio lo recibió Hanna Babylko porEl día que volví a verla, una historia que comienza en la historia que la precede y actúa como célula del inmenso cuerpo del recuerdo, en el que el mero aroma de un objeto nos hace viajar en el tiempo y hacia nuestro interior. 

 

La riqueza de la fluidez

Aquellas personas que logran dominar una lengua extraña, más aún si cabe si la aprenden siendo adultas, sin duda han tenido la capacidad de profundizar en su propio camino y la voluntad de convertirlo en palabras. Así quedó claro gracias a las ganadoras de la categoría avanzada. 

El tercer premio lo recibió Lassana Ly. Su relato, El despertar del león: la epopeya de Soundiata Keïta, habla del origen de la fuerza, que nace no del cuerpo sino de la voluntad. Esta historia, un espejo para quienes han conocido la exclusión, aborda la importancia de regresar para construir. El segundo puesto fue para Aichetou Ami y su Lo que la realidad no me dio: se dice que, de los cuentos, lo más difícil es el título. En este caso, es un anuncio de la impresionante voz lírica y poética que asoma en este texto que trata sobre un mundo en el que cada vez es más difícil ser libre. 

El primer puesto de la categoría avanzada fue para Aissata y el río seco, de Mamadou Wague. Técnicamente casi perfecto, solo porque la perfección no existe, desborda gran calidad en el uso del lenguaje y logra transmitir la relevancia de la tradición oral africana en una lengua que no es la original y con todo el sentimiento y sensibilidad que merece. La protagonista, en este caso, es además una heroína, una mujer.  

En palabras de Mónica López, directora general de CEAR, todas las personas premiadas son grandes escritoras, así como las cerca de 100 candidatas que presentaron sus relatos en esta edición: “Ha sido un placer leer los relatos, viajar por distintos mundos, sacar en kleenex para contener la lágrima. Escribir y transmitir en otro idioma es una tarea que han realizado personas que se encuentran en el olimpo de los escritores”.  

 

¡Gracias a todas las participantes por mostrarnos que tras cada persona que aprende un idioma, hay una vida! 

 

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