Helmi y Sadeq, Yemen: La huida de dos víctimas de un conflicto olvidado

Helmi y Sadeq llegaron a España tras huir del conflicto armado en Yemen. Sus historias relatan los obstáculos de su viaje en busca de refugio, ante la falta de vías legales y seguras para solicitar protección internacional.

 

Yemen, un conflicto olvidado

Desde su inicio en 2015, el conflicto armado en Yemen se ha cobrado más de 10.000 víctimas mortales según datos de la ONU. A pesar de la escasa cobertura en la prensa, el país vive según esta organización “el peor brote de cólera en la mayor crisis humanitaria mundial”. Más de un 70% de su población requiere asistencia humanitaria y un 60% se encuentra en situación de inseguridad alimentaria.

Este contexto de emergencia humanitaria, unido a las graves vulneraciones de derechos humanos contra la población civil por parte de diferentes grupos armados, ha obligado a más de 2 millones de personas a huir de su hogar.

2 millones de historias

Las historias de Helmi y Sadeq dan voz a todas aquellas personas que han decidido salir de Yemen en busca de protección internacional. A su vez, muestran el grave obstáculo que supone la falta de vías legales y seguras que garanticen el derecho a huir para quienes buscan asilo.

Ambos huyeron de Taíz, la ciudad de donde provienen numerosos desplazados internos de Yemen

Para Helmi, de 49 años, las amenazas recibidas contra él y su familia por pertenecer a una minoría perseguida por las fuerzas de la coalición de Arabia Saudí eran constantes.  “Uno de mis hijos resultó herido en un bombardeo aéreo, y ése fue el detonante para que finalmente decidiéramos huir”.

Por su parte, Sadeq, de 22 años, abandonó su hogar junto a su madre tras sentirse forzado a unirse a uno de los grupos armados del conflicto. “Habíamos perdido la casa por culpa de los bombardeos, se derrumbó, y a mí me amenazaban con obligarme a posicionarme, a luchar en alguno de los dos bandos.”

Sin vías para huir

Para ambos, la búsqueda de refugio comenzó en la capital, Saná. Los dos trataron de encontrar un modo para salir del país de forma segura. Sin embargo, la falta de alternativas les condenó a iniciar un viaje lleno de obstáculos y trampas mortales.

Helmi decidió partir rumbo a Argelia dejando atrás a su familia, con la esperanza de poder abrirle camino más adelante. Su primer destino fue Annaba, ciudad en donde vivía un cuñado. Allí pudo trabajar y conseguir dinero para continuar el viaje hacia Orán, donde se reunió con su mujer, sus dos hijos pequeños y su hijo herido. “En Orán intentamos solicitar asilo en varias embajadas de diferentes países, pero nadie nos ayudó, así que tuvimos que buscar otras alternativas”.

Sadeq emprendió su huida solo hacia Sudán, el único país al que podía viajar sin visado. Al ser el estudiante con mejores notas de su curso, su intención era llegar a Argelia y solicitar un permiso de estudios para disfrutar de una beca en Estados Unidos. Sin embargo, ante la dificultad para conseguir toda la documentación requerida, Sadeq tuvo que abandonar su esperanza inicial y buscar otras vías de emprender su camino hacia un lugar seguro. “En Argelia lo pasé muy mal. Tuve hasta pensamientos suicidas por la gran culpabilidad que sentía, por haber dejado sola a mi madre y a mi familia endeudada. Estaba perdiendo toda la esperanza”.

Vías mortales como peaje obligatorio hacia el refugio

Ante la total falta de vías legales que les permitiera solicitar asilo de forma segura, Sadeq y Helmi se vieron sin más opción que la de poner sus vidas en manos de traficantes para poder continuar el viaje.

Helmi tuvo que dejar a su hijo en Argelia debido a la peligrosidad de la travesía, y a la falta de medios económicos para pagar un viaje tremendamente costoso. En total, 1.000 euros por cruzar la frontera entre Argelia y Marruecos. Tras 37 días en Nador estudiando la manera de cruzar a España, contactaron con los “facilitadores”, a quienes tuvieron que volver pagar para que les guiaran al puesto fronterizo. “Cuando por fin llegamos a territorio español, no me lo creía, tuvo que ser la policía quien me lo asegurara.”

Para Sadeq, el cruce de la frontera entre Argelia y Marruecos supuso una odisea. En uno de sus múltiples intentos por llegar a territorio marroquí fue detenido por la policía. “Nos dieron una paliza, y nos quitaron la ropa y todo el dinero que teníamos.” Sin saber qué hacer, decidió volver a Argel y buscar de nuevo al “facilitador”,  quien le llevó a él y a otras personas a su casa en Nador para desde ahí, lograr llegar a Melilla. “Cuando estuve en el lado español, ni siquiera sabía que ya estaba aquí. Había leído mucho sobre temas de asilo y sabía lo que tenía que decir, pero ¿a quién? No supe reconocer a la policía española, estaba muy desorientado.”  

 

Al llegar a territorio español, tanto Helmi y su familia como Sadeq fueron llevados al CETI de Melilla. Finalmente, tras el sufrimiento de un trayecto lleno de dificultades, pudieron interponer su solicitud de asilo.

Ahora Helmi sueña con un futuro en paz para él y su familia. “Ver a mis hijos jugar y reír de nuevo no tiene precio”. Sadeq también tiene claro su objetivo. “Yo sólo quiero seguir con mis estudios y algún día poder traer a mi madre”. Ambos confían en que su solicitud de asilo sea resuelta de manera favorable para así poder continuar con una vida truncada por el conflicto.

Sin embargo, los testimonios de Sadeq y Helmi son la excepción dentro de todas las historias de huida del conflicto en Yemen. La falta de vías que garanticen el derecho de asilo provoca que miles de personas en busca de refugio queden atrapadas en rutas mortales o en países donde sus vidas siguen corriendo peligro. Las últimas cifras no dejan lugar a dudas: tan solo 14 personas yemeníes lograron solicitar protección en España en 2015, año del inicio del conflicto; 45 personas en 2016.

 

 

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