Flona Bella, cineasta siria: pasión por su carrera y por la vida
Flona Bella, cineasta siria, se vio obligada a huir del país con el estallido del conflicto. Tras pasar por diferentes países en los que su vida no fue fácil, llego a España, donde solicitó asilo. Ella misma nos cuenta su historia de refugio en primera persona: una historia de esperanza y tenacidad.
Nací en Damasco, en el seno de una familia perteneciente a la Iglesia Siria Ortodoxa, una comunidad que conserva su lengua ancestral, el siríaco, junto con el árabe, y mantiene vivas sus tradiciones culturales y religiosas. Mi madre es rusa y mi padre sirio, ambos de familia siríaca. Mi nombre siempre ha sido complicado; en Kuwait todos mis negocios llevaban el nombre Flona, mientras que en España la Cruz Roja comenzó a llamarme Bella. Finalmente me quedé con Bella, porque también forma parte de mi identidad, aunque muchas veces he deseado cambiar mi nombre por completo.
Crecí en buenas condiciones en Damasco. Mi familia tenía dos restaurantes de comida tradicional siria, y mi padre poseía varias casas en la ciudad. Sin embargo, con el estallido de la revolución siria, nuestra vida cambió de forma radical. Mis hermanos fueron perseguidos por los servicios de inteligencia y la seguridad del Estado; fueron golpeados y torturados siendo aún muy jóvenes, estudiantes de secundaria. Algunos de ellos ayudaban a gestionar los restaurantes, que posteriormente fueron tomados por oficiales del ejército, una práctica habitual contra familias consideradas opositoras.
Una de las casas de mi padre se encontraba en Ghouta Oriental. Fue bombardeada mientras estábamos dentro; sobrevivimos únicamente por la voluntad de Dios. Las otras dos casas fueron confiscadas por los servicios de inteligencia sirios. Tras nuestra salida, Ghouta Oriental fue atacada con armas químicas y quedó completamente destruida. Vivimos la muerte frente a nuestros ojos. Durante días nos refugiamos en un dormitorio bajo una escuela, sin comida. El ejército sirio bloqueó la entrada de pan y alimentos, y muchos ancianos murieron de hambre.
Logramos escapar milagrosamente al Líbano, donde terminé mis estudios en audiovisuales. Me casé mientras estudiaba y tuve tres hijos: Miriam, María y Budi. María padeció cáncer, una de las experiencias más dolorosas de mi vida. Más tarde me trasladé a Kuwait, una etapa extremadamente difícil marcada por el sufrimiento dentro del matrimonio, la enfermedad de mi hija y una profunda injusticia laboral. Trabajé incansablemente, pero en muchas ocasiones no recibí mi salario. No podía reclamar legalmente porque no soy ciudadana kuwaití y la ley no estaba de mi lado. El dolor de ver sufrir a mi hija era insoportable; moría por dentro cada día.
En Kuwait trabajé en el ámbito que amo y que siempre ha sido el trabajo de mis sueños: el audiovisual. Fui asistente de dirección en películas, series, teatro y documentales. Comencé mi carrera en un periódico y cadena de TV en Kuwait. Más adelante trabajé en una oficina de medios que colaboraba con importantes cadenas árabes y con una agencia estadounidense. Posteriormente me incorporé a la programación de drama, cine, teatro y televisión, en producción de programas y escritura de documentales. También escribí guiones para una serie de comedia que aún no ha sido rodada. He sido reconocida como escritora de guiones en Siria, pero en varias producciones mi nombre apareció únicamente como “Flona”, sin apellido, lo que considero una vulneración de mis derechos profesionales e intelectuales.
No puedo regresar a Siria por la situación política actual. Tras salir de Kuwait intenté establecerme en Francia, donde vive la mayor parte de mi familia —somos 15 hermanos, la mayoría en París—, pero no me facilitaron el acceso ni la estabilidad. Finalmente llegué a España, donde por primera vez sentí un verdadero apoyo. La organización CEAR ha sido fundamental en mi proceso de mejora; especialmente Laura, mi psicóloga, quien me ayudó enormemente a recuperar fuerzas y esperanza.
Hoy deseo estabilidad y seguridad. Quiero que mis hijos crezcan aquí y construyan su futuro. Ellos sueñan con estudiar medicina, audiovisuales y fútbol. El padre de mis hijos padece actualmente cáncer de colon y su estado no es bueno, por lo que no puede hacerse cargo de ellos como debería, lo que hace aún más urgente nuestra estabilidad.
Mi historia es agotadora, pero sigo teniendo pasión por la vida. Creo firmemente que el valor de una persona está en su trabajo y en lo que logra. No quiero perder el tiempo; quiero trabajar y avanzar sin detenerme. Me gustaría abrir algún día un restaurante de comida siria, como homenaje a mis raíces y también reunirme con productoras importantes. Mi mayor ambición es que el proyecto que estoy escribiendo actualmente se filme y se estrene este año.
A pesar de todo lo vivido, sigo en pie, con la esperanza intacta y la determinación de construir una nueva vida.
