Jeannette: “Vivir en una silla de ruedas no es fácil, pero quiero seguir peleando”

La tradición como pretexto de violencia contra las mujeres

Jeannette recuerda su infancia como la de una “niña normal” hasta que cumplió 10 años y su familia la obligó a someterse a la Mutilación Genital Femenina, debido a su “respeto por la tradición de su país”.

En su relato ofrece detalles de ese traumático acontecimiento, un “ritual” colectivo junto a otras 67 niñas en la selva. Entraban una por una a la sala de operaciones con los ojos tapados y sin anestesia. Su gesto se transforma cuando recuerda las consecuencias físicas de aquella aberración: “infecciones, fiebres muy altas, dolores muy fuertes”.

Esa misma tradición la obligó a casarse a los 14 años con un hombre de 39, “lo que significa, 25 años mayor”. También fue un ritual colectivo junto a otras niñas vestidas de blanco. Desde ese día, no dejó de sufrir violencia sexual por el que sería su esposo durante los siguientes años hasta que Jeannette consiguió escapar.

En Guinea Conakry, la Mutilación Genital Femenina es una práctica casi universal que afecta a cerca del 95% de las mujeres y niñas, según UNICEF. Mientras que el matrimonio forzoso es otra de las amenazas que sufren de forma recurrente, una de cada cinco es casada antes de cumplir los 15 años, según el Ministerio de Salud de Guinea.

La persecución que cambió su vida

Jeannette comenzó a luchar contra estas tradiciones que violan los derechos de mujeres y niñas, pero no solo eso, también contra prácticas ilegales como la tala de árboles por parte del Estado.

Todo ello, supuso una persecución cada vez más amenazante, hasta el punto de provocarla un aparatoso accidente de tráfico que la dejó en silla de ruedas y cambió su vida para siempre.

Volver a empezar

A pesar del accidente y su débil estado de salud, las persecuciones continuaron. Por ello, Jeannette decidió empezar una nueva vida en Europa, y el único país que le concedió un visado fue España, a donde viajó en una silla manual junto a su sobrina.

Recuerda perfectamente el día que llegó al centro de Getafe de CEAR y el miedo que no la dejaba descansar al principio: “sin papeles, sin dinero, sin saber qué iba a hacer, con una niña que tenía que estudiar”. Pero el acompañamiento del equipo del centro le ayudo muchísimo, “el equipo de Acogida de CEAR hace un trabajo que es un milagro”, reconoce emocionada.

Su solicitud de asilo fue desfavorable, pero tras el recurso de CEAR, la Audiencia Nacional le reconoció un permiso de residencia por Razones Humanitarias debido a su situación discapacidad.

Al salir del centro, CEAR le ofreció un empleo en tareas administrativas, y gracias al apoyo de una voluntaria que conoció en Getafe, consiguió una casa adaptada.

Vivir en una silla de ruedas

“Al principio no fue fácil”, reconoce Jeannette. Llegó con una silla manual y sin haberse recuperado del todo del accidente, la dificultad para manejar la silla era elevada. Para solicitar la tarjeta de discapacidad y todas las ayudas derivadas, “tenías que llevar cinco años empadronada en Madrid”. La falta de accesibilidad de la calle, sobre todo al principio, sumada a la de algunas oficinas para hacer trámites suponían grandes obstáculos acumulados a los propios del proceso de inclusión de una persona migrante.

Seguir peleando

En un futuro, a Jeannette le gustaría traer a su hija que actualmente reside en Costa de Marfil, tener una casa más adaptada que le permita vivir con facilidad y lo más importante: en un futuro, le gustaría “seguir peleando por lo que está pasando como tradición” en su país.

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