Dima, una vida truncada por la guerra

Para ocultar su rostro por temor a futuras represalias, Dima utiliza su móvil con una foto de su lugar preferido de Damasco, la ciudad donde vivía esta mujer cristiana de 36 años. Un barrio símbolo durante décadas de la convivencia de personas de diferentes religiones y creencias.

 

Dima vivía una vida tranquila en la capital siria trabajando como profesora de árabe junto a su marido y a sus dos hijos hasta que a él le contratan en Kuwait de manera temporal. Así que cuando la guerra estalló en Siria, la familia supo que no podría volver a su país.

En 2013 el contrato de su marido acabó y la situación en Siria era cada vez más peligrosa debido a la guerra, así que decidieron ir a Europa. “Elegimos ir a Suecia donde está la mayoría de mi familia”. Pero una vez allí, comprobaron que Dima y su familia habían pasado por España. Así que debido a la aplicación del Convenio de Dublín, “desde Suecia nos mandaron a España” donde pidieron asilo.

Después de un mes, la familia fue enviada a un centro de acogida en la localidad madrileña de Alcobendas. “Los profesionales allí trabajaron con nosotros mucho, nos ayudaron en cursos de idiomas y cursos para trabajar”. Tras casi un año de estancia dejaron atrás el centro. Fue entonces cuando CEAR les ofrece un programa de acompañamiento social que incluye ayudas económicas para cubrir gastos de vivienda y alimentación, clases de español y apoyo para buscar empleo.  Un período que Dima recuerda como muy complicado debido a todos los gastos que debía afrontar la familia, la barrera del idioma, la falta de trabajo…

Tres años rehaciendo su vida en España

Ya han pasado tres años desde que Dima llegó a España. Tiene trabajo, puede comunicarse con la gente y se felicita de haberse integrado en la sociedad española. “Ahora es otra vida”, resume.

Dima dice sentirse “más tranquila” desde que está en España, pero por otro lado se encuentra “muy estresada” porque aún hay parte de su familia que sigue en Siria y desesperanzada al ver las noticias que llegan  de su país. Esta joven profesora solo tiene un deseo, “que esta guerra no afecte a los niños allí”.

A pesar de que ha conseguido reconstruir su vida en España, Dima no se olvida de las personas que, como ella, han tenido que escapar. “Me da pena de verdad la gente que vive en las fronteras de Siria: en Jordania, Líbano y Turquía, la vida allí es muy dura”. Y  también recuerda a todos los que han tenido que jugarse la vida para alcanzar Europa a través de Turquía. “Esta gente ha tenido que hacer esto por la guerra. Ojalá tengamos paz en nuestro país y podamos volver, porque nosotros lo teníamos todo: casa, trabajo, coche… lo perdimos todo por la guerra”.

Dima asegura que cuando la guerra finalice, su deseo es volver a su país, aunque duda de que sus hijos quieran dejar España.

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