5 historias de 4 continentes para contar 40 años de refugio

CEAR cumple 40 años en los que su labor ha sido fundamental para garantizar el derecho a la protección internacional de personas que huyen de la guerra, la violencia o la persecución.

Los países cambian, los conflictos se transforman. Surgen nuevas formas de persecución y desaparecen otras. Los motivos por los que miles de personas han buscado refugio en España en los últimos 40 años son muy variados, pero los testimonios de estas 5 personas que huyeron de Uruguay, Bosnia, Honduras, Siria y Nigeria reflejan no solo un dolor común al tener que salir de su país, también comparten las incertidumbres iniciales, la lucha por rehacer sus vidas y la gratitud a quienes les dieron refugio.

 

Gustavo (Uruguay)

“Es como un árbol que le arrancan de la tierra y siempre queda ese dolor”. Y ese siempre para Gustavo Viladura dura ya 41 años, los que lleva en España desde que tuvo que huir de la represión de la dictadura uruguaya.

Un dolor que no cesa, más para alguien que nunca había pensado abandonar su país. Un dolor que por fortuna se ha mitigado “con la solidaridad del pueblo español” y la posibilidad de trabajar en todo momento menos en sus dos primeros años. Hoy, con dos hijos y tres nietos españoles, Gustavo recuerda la acogida que le ofreció España hace más de 40 años, pero también la que le dio Uruguay a los exiliados y emigrantes españoles en décadas anteriores.

Redzija (Bosnia)

“Yo me quedo aquí hasta que la muerte nos separe”, bromea con acento de su Bosnia natal y una pizca de extremeño.

Redzija fue una de los 2.500 bosnios que llegaron huyendo del conflicto de los Balcanes a una España que daba tumbos entre la euforia de las Olimpiadas, la Expo y la inauguración del AVE, y la incertidumbre de una fulminante crisis económica. Pero pese a esto, no se dudó en abrir plazas de acogida, casas, escuelas y posteriormente puestos de trabajo para quienes escapaban de una nueva guerra civil en Europa.

Ahmad (Siria)

Ahmad habla con ligereza, e incluso con una media sonrisa, de temas que se suelen tratar con voz entrecortada. Y tal vez por eso, porque cuenta su vida a la cámara como si estuviera con un conocido en la barra de un bar, cada una de sus frases podría sintetizar la vivencia de cualquier refugiado del mundo.

Lo que uno pierde desde el primer momento. Mi pasado, mi pueblo, mis estudios. Familia, amigos, casa, habitación… todo. Que casi nadie se imagina que tendrá huir para salvar su vida. Antes de la guerra y todo eso nunca pensamos que iba a pasar esto, que cada uno de nuestros hermanos y yo fuéramos a estar en un lugar diferente. Que casi nunca lo tienen fácil para llegar a un lugar seguro.

Llegué a Libia después de 27 intentos de cruzar la frontera. Que una vez llegas, los comienzos son siempre difíciles. Llegué a España y no conocía a nadie. Que hace falta una acogida por parte de profesionales. CEAR desde el comienzo estaba conmigo, para el tema de papeles, psicólogo, todo… Pero no solo. Me he encontrado con mucha gente que me han apoyado desde el principio. Y así, es posible sentirse integrado, y también querido, en el país de acogida. Yo incluso he llegado a tener aquí a gente que llamo mi familia.

Desde hace 2 años Ahmad trabaja en un centro de acogida de CEAR en Madrid.

Esther (Nigeria)

“Estábamos en la huerta trabajando y vinieron con un cuchillo: o me largo o me matan”. Con una sola frase Esther ilustra la necesidad del derecho de asilo, es decir la necesidad de poder buscar un lugar donde tu vida y la de tu familia no corran peligro. Y la ruptura vital que puede suponer un suceso así.  “No podíamos esperar más y nos fuimos rápido”.

Dos años después de esa huida, Esther no tiene miedo a que le denieguen el asilo que ha solicitado en España, a pesar de que en 2018 se rechazaran 3 de cada 4 peticiones. Ahora está “haciendo un montón de cosas” que le ayudan a estar bien, como cursos de informática y limpieza. Aunque reconoce que necesita algo más para salir adelante, estar con su hijo. 

Araeli (Honduras)

En su país, Honduras, a quienes son como ella, las matan, les dan palizas, las violan impunemente. En España solo les miran mal por la calle, solo cuestionan lo que dicen, o lo que sienten, solo les niegan ciertos trabajos, o les proponen con insistencia otros.

La historia de Araeli es la muestra de que la discriminación y los prejuicios persiguen a las personas y saltan las fronteras. Por ser mujer, por sentirse mujer, por no querer ocultarlo, por luchar para que otras también puedan serlo sin complejos y sin culpa, Araeli tuvo que huir para salvar la vida. “Estamos siendo asesinadas por decidir y defender el derecho de ser lo que realmente somos: mujeres diversas”, denuncia.

Después de tres años, ha sabido que la respuesta a su solicitud de asilo es favorable. Aunque durante todo este tiempo, Araeli no ha dejado de organizar tertulias, participar en charlas para denunciar la discriminación que persigue en cualquier parte a las mujeres como ella.

Estos cinco testimonios fueron grabados para el documental sobre los “40 años de refugio” de CEAR.

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