Salec: «El deporte me enseñó que siempre hay un equipo dispuesto a recibirte»
Hay personas que entienden el hogar como un lugar. Para Salec, siempre ha sido, sobre todo, una comunidad. Nació en los campamentos de personas refugiadas saharauis de Tinduf, donde creció viendo cómo el deporte podía convertirse en mucho más que un juego.
Era una forma de educar, de crear oportunidades y de mantener viva la esperanza. «Cuando vives en un campamento aprendes muy pronto que cualquier oportunidad cuenta. El deporte nos ayudaba a soñar y a construir comunidad.«
Periodista de formación y activista social, impulsó el Saguia Club, un proyecto educativo, deportivo y medioambiental que utiliza el fútbol como herramienta para acompañar a niños y jóvenes refugiados del Sahara Occidental.
Pero su compromiso con los derechos de su comunidad también tuvo consecuencias. Las dificultades y los riesgos derivados de su labor periodística y de defensa de los derechos del pueblo saharaui le llevaron a abandonar el lugar donde vivía. En 2024 llegó a España y solicitó el reconocimiento de su condición de apátrida, un procedimiento que continúa pendiente de resolución. Lejos de detenerse, decidió empezar de nuevo.
Precisamente, esta semana se han cumplido 25 años del Reglamento de reconocimiento del estatuto de apatridia en España, el cual sigue planteando retos como la garantía de acceso a derechos durante la tramitación de la solicitud (empleo, documentación, sanidad, entre otros). Esto dificulta una inclusión real mientras se resuelve su solicitud. Además, una vez obtenido el reconocimiento de la apatridia, tienen que residir en nuestro país 10 años para que se les conceda la nacionalidad española, el doble de tiempo que las personas con estatuto de refugiado.
Desde su llegada a Euskadi ha participado en los programas de acogida e inclusión de CEAR, centrando sus esfuerzos en aprender el idioma, ampliar su formación y construir un proyecto de vida autónomo. «Cuando llegué tenía claro que quería aportar. No solo recibir ayuda, sino formar parte de la sociedad que me estaba acogiendo.» Ese compromiso le ha llevado a convertirse en voluntario de la Fundación Athletic Club y a formar parte del Comité de Personas Refugiadas de CEAR en Euskadi. Allí participa en actividades deportivas, acciones de sensibilización y proyectos que fomentan la convivencia y la igualdad de oportunidades.
Para Salec, el deporte sigue siendo un lenguaje universal. «En un campo de fútbol no importa de dónde vienes. Lo importante es que juegues con respeto, que confíes en tus compañeros y que todos tengan la oportunidad de participar.»
Hoy continúa soñando con seguir formándose, ejercer su profesión y ampliar el impacto de los proyectos sociales que lleva impulsando desde hace años. Su historia demuestra que la inclusión no termina cuando una persona encuentra un lugar seguro. Comienza cuando puede participar, aportar sus conocimientos y sentirse parte de la comunidad. Como él mismo defiende, el refugio no consiste únicamente en dejar atrás el peligro. También significa encontrar un lugar donde poder seguir construyendo futuro.
