Olga, la refugiada que hace batas para proteger a personal sanitario ante la pandemia

Durante este tiempo de crisis sanitaria son muchos los testimonios de personas que están en primera línea tratando de combatir la pandemia desde diferentes frentes. Muchas de ellas son personas migrantes y refugiadas que trabajan en sectores claves en nuestro país. Personas como Olga, quien tras a huir Colombia y buscar refugio en nuestro país, ahora trata de agradecer la acogida .

 

Ahora Olga vive refugiada en nuestro país y prepara batas para el centro de salud y el hospital de San Juan, en Alicante, en plena pandemia del coronavirus que ha azotado con especial virulencia a España. Hasta ese momento no tenían batas quirúrgicas ni hospitalarias para el personal sanitario, pero tampoco para el personal de limpieza o familiares, así que en la parroquia a la que asistía propusieron a los feligreses fabricarlas artesanalmente con bolsas plásticas que se utilizan para basura, cinta ancha de pegar, tijeras y un marcador. «El párroco don Roque preguntó de manera voluntaria a la comunidad quién estaba interesado en participar en el programa: ¡y por supuesto que quise participar! Porque realmente me gusta participar y ayudar, así como me han ayudado a mí: tanto CEAR como todo el pueblo de San Juan que me acogió», señala.

Olga había trabajado durante 13 años en el sector de la construcción y llegó a ser coordinadora de riesgo laborales, donde tuvo que estar atenta que se utilizaran adecuadamente los equipos de protección individual (EPI). Quizás por eso, ante el desabastecimiento de material sanitario básico, no se lo pensó dos veces y quiso aportar su granito de arena en la protección de los demás. «Ha sido una tarea más bien simbólica, de solidaridad, de unión, de integración de las personas de la comunidad para servirles al personal sanitario y a las personas encargadas de la limpieza. Y con el fin de que al menos esas batas plásticas sirvieran de barrera para que no estuviesen tan expuestos, tan descubiertos».

Olga llegó a España en mayo de 2018, antes lo había hecho su marido pensando que con su huida se acabarían las amenazas. Lamentablemente nunca cesaron y ella también tuvo que seguir sus pasos tiempo después. «Esas personas sí que son peligrosas. Si te amenaza un grupo al margen de la ley no hay que estar pensando mucho, hay que tomar una decisión. En mi país no confiamos en la policía», recuerda.

Actualmente se encuentran a la espera de que examinen su solicitud de asilo, como más de 100.000 personas en nuestro país que están pendientes desde hace tiempo de una resolución de la que depende sus vidas. Mientras tanto, en estos tiempos de coronavirus trata de refugiarse en recetas culinarias, vídeos, dibujos, charlas con su familia y amigos en Colombia… Actividades que se han convertido en rutinarias en la mayoría de familias de todo el mundo hasta que poco a poco regrese la normalidad (o algo parecido).

En el caso de Olga la normalidad implica formarse y aprender para poder reconvertirse profesionalmente, y así conseguir un trabajo con el que comenzar una nueva vida. «Actualmente estoy realizando cursos de nutrición, alimentación, dietética y también atención socio-sanitaria a personas dependientes, mientras sigo a la espera de la homologación de mi título. El apoyo que me brinda el equipo psicológico de CEAR en Alicante ha sido fundamental para tratar de reinventarme con humildad y sencillez», concluye.

 

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