Rachid ha reconstruido su vida en Pamplona tras más de media vida huyendo

Tras huir de la guerra en Sudán y ser esclavo en Libia, Rachid Zagaui fue una de las personas rescatadas por el Aquarius después de tres días a la deriva en el mar. Recuerda con angustia el momento del rescate en el que casi muere. El nerviosismo de las 120 personas intentando escapar de la patera hizo que volcara. Rachid no sabía nadar y se hundió bajo el agua.  Alguien consiguió sacarle y salvarle la vida. Cuando por fin el Aquarius desembarcó en España, tras 8 días buscando un puerto seguro, para Rachid acabaron los tres años de trayecto que tardó en llegar a Europa desde su país, Sudán.

 

Una huida que empezó mucho antes, en el año 2003, cuando su padre fue asesinado por ser opositor del Gobierno y, junto a su madre y hermana tuvieron que huir de su ciudad. Desde ese momento, Rachid, que entonces tenía 5 años, y su familia, comenzaron su periplo como desplazados internos por diferentes ciudades de Sudán, un país que vive una guerra cronificada desde el año 2003. Un día en Jartum alguien le reconoció como hijo de su padre opositor y acabó preso en la cárcel dos veces. Una de ellas en una prisión de máxima seguridad. En ambas ocasiones consiguió escaparse, pero la última vez entendió que tenía que abandonar su país para salvar su vida. Tenía 17 años.

 

Las cicatrices de Libia

 

Viajó a Egipto donde estuvo trabajando durante ocho meses para conseguir algo de dinero para poder llegar a Europa. Después llegó a Libia con la intención de ir a la costa y subirse a una barca para cruzar a Italia. Le faltan palabras para describir lo que vio en aquel país, a pesar de que el trato a los sudaneses no es tan terrible como con el resto de nacionalidades por tratarse de países vecinos y hablar árabe. «Los abusos que sufren otras personas de países como Eritrea y Etiopía son innombrables», recuerda.

Rachid todavía conserva las cicatrices de aquella pesadilla en forma de quemaduras y golpes. Fue engañado y pagó 500 dólares para que un taxi le llevara a la costa, pero su viaje acabó en un hangar con otras 500 personas encerradas y secuestradas hasta que sus familias pagaran. Pero su familia no podía permitírselo. En ese momento él creyó que le matarían. Una vez liberado, consiguió trabajar y ahorrar los 2.000 dólares que costaba el viaje a Italia, y que acabó teniendo como destino final España.

 

Sentirse seguro en España tras más de media vida huyendo

 

En el momento en que llegó a España, sintió que se quitaba un peso enorme de encima. Tras más de media vida huyendo, por fin estaba en paz, seguro y en libertad.

Entró en el Programa de Acogida en CEAR Navarra y, aunque muchos de sus compañeros se fueron a otros países europeos, él cuenta que en cuanto vio Pamplona supo que iba a quedarse a vivir. Le gustó mucho y siente que en esta ciudad «está en casa».

Después de cuatro años, Rachid tiene su carnet de conducir, su trabajo en un taller y sus redes de amigos. Además, puede apoyar económicamente a su madre, a la que está construyendo una casa. No la ve desde el 2011.

Rachid tiene mente emprendedora. Por eso, está pensando cómo podría invertir en una empresa de autocares en su país, consciente de que hay muchos pueblos que no tienen ningún tipo de transporte y que ayudaría al desarrollo de todos ellos.

 

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