Miguel, el médico que vino a España para salvar a su hija y acabó luchando contra la pandemia

‘‘Son pobres’’, ‘‘no tienen estudios ni formación’’, ‘‘vienen a quitarnos el trabajo’’… Desafortunadamente, las personas refugiadas se enfrente muchas veces con estereotipos como estos. La historia de Miguel y su familia es una de esas que los desmonta uno a uno. Este médico venezolano tenía 40 años cuando su vida dio vuelco. En 2017, cuando ejercía como doctor especializado en ginecología y obstetricia en Mérida, su ciudad natal, y era padre de dos niñas junto a su esposa, recibe la peor de las noticias envuelta en tres letras: LMA. Con tan solo 3 años, su hija pequeña Paula, junto a toda su familia, inicia una lucha contra la leucemia mieloide aguda, un cáncer muy poco común en los niños.

Aunque Paula comienza su tratamiento y recibe su primera fase de quimioterapia en Venezuela, la crisis humanitaria que vive el país  también afecta a las condiciones del sistema sanitario: ‘‘Paula recibió la primera fase de quimioterapia en Venezuela bajo unas condiciones sanitarias muy malas. Tuvo varios episodios de complicaciones infecciosas. Además, las instituciones de salud no cuentan con los recursos médicos necesarios. Éramos nosotros mismos quienes teníamos que buscar por nuestra cuenta materiales y recursos médicos’’.

A todas estas complicaciones se sumaba el pronóstico: el tratamiento definitivo para Paula era un trasplante de médula ósea. Miguel no lo dudó: ‘‘Teníamos que luchar por la vida de nuestra hija. Contábamos con familiares en Sevilla que, tras muchas gestiones y tiempo de espera, nos dieron la noticia de que Paula podía ser tratada en el Hospital Virgen del Rocío. Recibimos la noticia con mucha esperanza e ilusión’’.

Pero había un problema. El sueldo de Miguel como médico en Venezuela se traducía en España a unos 5 euros al mes. ‘‘Tuvimos que endeudarnos para comprar los billetes y poder llegar a España. Además, tuvimos que huir por Colombia, ya que intentar salir de nuestro país por el aeropuerto era un riesgo, lo veíamos a diario con miles de migrantes venezolanos’’.

Afortunadamente, la historia de Miguel, Paula y su familia cambió gracias a ese viaje a España. Solicitaron asilo a través de CEAR Andalucía y obtuvieron la residencia por razones humanitarias. En 2018, la hermana mayor traía una nueva esperanza: era compatible con Paula para la donación de médula ósea. En abril de 2021, Paula lleva ya tres años trasplantada.

Pero como la de todos, la vida de Miguel también da un vuelco en marzo de 2020. Tras 18 meses de espera tratando de homologar sus estudios, en plena pandemia, Miguel recibía una notificación: su título de medicina obtenido en Venezuela había sido homologado en España. En julio de 2020 comenzaba a trabajar como médico de urgencias del SAS (Servicio Andaluza de Salud) en Sevilla.

‘‘En Venezuela llevaba 7 años ejerciendo como especialista en ginecología, aunque antes había estado como médico general unos años previos. Cuando me llamaron en verano para comenzar a trabajar empecé como médico de urgencias. Tuve la mala suerte de contagiarme de Covid en una guardia. Sabía que era algo que podía pasar, forma parte del riesgo que se asume con este trabajo’’, recuerda.

En octubre de 2020 Miguel enferma de coronavirus. Su caso se complica, derivando a una neumonía severa y 14 días de hospitalización. ‘‘Lo pasé un poco mal, pero ya estoy recuperado. Ahora toca seguir luchando en esta batalla contra el virus’’. En estos momentos, Miguel cuenta que solo quieren devolver a España la oportunidad de vida que les ha ofrecido. ‘‘Nuestro objetivo es retribuir, tanto a España como a Sevilla, todo lo que han hecho por nosotros’’.

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