Anastasiia, la médica que huyó de Ucrania para que su cuñado menor pudiera seguir su tratamiento contra el cáncer

Cruzaba la frontera con Polonia el 8 de marzo de 2022. Lo recuerda bien porque era el Día Internacional de la Mujer y los años anteriores los había celebrado orgullosa por las calles de Brovary, su ciudad natal. Este año esa fecha la recuerda de manera diferente: «Ese día abandonamos simbólicamente mi país y luego pasamos otros tres en Polonia», recuerda Anastasiia.

 

La joven médica acompañada de su suegra y Nikita, el hermano menor de su marido, tenían que huir de Ucrania para que el pequeño pudiera continuar su lucha contra el cáncer: «Salimos del país sin saber dónde podríamos seguir con el tratamiento».

 

 

Dos semanas antes el ejército ruso había invadido Ucrania y avanzaba rápidamente hacia la capital del país. Después del trasplante de médula ósea de Nikita y ante la imposibilidad de garantizar el tratamiento continuo, no tuvieron más remedio que buscar una solución fuera del país. El 11 de marzo volaban en un avión militar rumbo a España gracias a la intermediación de la Fundación Aladina que se encarga de supervisar el tratamiento del pequeño. Anastasia se sonríe recordando el momento. «Era la primera vez que él volaba en un avión, miraba constantemente por la ventanilla y tomaba fotos de todo».

 

Dejar todo atrás

Atrás, en Kiev, Anastasiia dejaba su vida. A su marido, con el que recientemente se había casado y con el que tenía planes para ampliar la familia. «En el apartamento que dejé, ahora hay materiales de construcción para crear una habitación para niños», lamenta.

Él sigue trabajando en la capital porque los hombres mayores de edad no pueden abandonar el país por si son llamados a incorporase a la guerra contra las fuerzas invasoras rusas. También tuvo que dejar atrás a su madre, a su padre y seres queridos, con los que consigue mantener el contacto gracias al teléfono móvil. Y su carrera profesional, a sus 24 años había empezado a trabajar en diferentes laboratorios de investigación después de licenciarse en medicina. «Mi especialidad es microbiología y virología», afirma orgullosa en español, un idioma que ha comenzado a aprender y con el que poco a poco se va defendiendo. Como cualquier joven de su edad le gustaba viajar y recuerda con añoranza sus diferentes viajes al extranjero y por diferentes partes de Ucrania, algunas de ellas actualmente ocupadas por Rusia.

 

Su vida en España

El primer mes de estancia en España se alojaron en la Ciudad Financiera del Banco Santander, en unas instalaciones que ha cedido para las personas refugiadas provenientes de Ucrania. «El apoyo de voluntarios y de todas las personas solidarias también es muy notable, los refugiados nos hemos unido y nos ayudamos unos a otros», señala. Ahora viven junto a Nikita y su suegra en un modesto piso en el noroeste de Madrid para que pueda seguir recibiendo los cuidados necesarios.

CEAR les ha proporcionado entre otras cosas ayuda para procesar y traducir sus documentos, cursos de español y asistencia psicológica. «Es muy bonito que hayan participado la gente de habla ucraniana, que nos explican todo. Es difícil para mí contar cuántas veces contactamos a los especialistas de esta organización», dice agradecida.

Para Anastasiia lo más difícil fue la barrera del idioma. De momento no se siente segura del todo para hacer la entrevista en castellano, pero la misma mañana de la grabación había tenido un nuevo examen para pasar de nivel. Con lo que sabe sí se siente capaz de resolver los problemas domésticos por su cuenta. «Me gusta España, hay gente muy sensible que intenta ayudar en todo», concluye.

 

Un futuro en varios países

No duda en seguir apoyando a sus compatriotas y siempre que tiene la oportunidad aprovecha para contar cómo son realmente y que conozcan la situación por la que están pasando. Aunque le cuesta imaginar su futuro por la cantidad de fatores que escapan de su control, está preparada para lo que le espera. «Hemos conseguido los documentos necesarios para prolongar nuestra estancia en España» comenta aliviada. Entre sus planes cuenta con convalidar sus estudios de medicina y poder conseguir un trabajo en España. «Quiero sentirme autorrealizada en mi profesión, tener un matrimonio feliz, tener la oportunidad de viajar y respirar tranquila» asegura con esperanza. Mientras dure la guerra no planea volver a Ucrania, aunque más adelante querría combinar su vida entre los dos países. «Veo perspectivas laborales aquí, pero dado que ahora mismo no estoy junto a mi marido y mi familia sí me gustaría volver».

 

 

 

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