Ahmed, el exilio interminable del pueblo palestino

Este refugiado palestino nació hace 32 años en la Franja de Gaza, en un “campo de refugiados”, como sus padres y sus abuelos. Un lugar sin libertades en el que vivió hasta los 18 años.

 

La Franja de Gaza tiene una extensión de apenas 385 km². Un territorio en el que tratan de sobrevivir más de 1,5 millones de personas y  en el que “se violan los derechos humanos todos los días, como la libertad de movimientos, estudiar o incluso comer”, denuncia Ahmed refugiado palestino y protagonista del documental ‘Memorias de Refugio’.

Hasta que su vida cambió cuando le concedieron una beca y pudo salir a estudiar a Bagdad en el año 2000. Un golpe de fortuna que solo duraría tres años, hasta que EE UU invadió Irak. Momento en el que vio se vio obligado a dejar los estudios y se hizo voluntario de un hospital. “Una vez terminó la guerra nos echaron a todos. Empezaron a perseguir a los palestinos que vivían en Irak. Los americanos nos identificaron a los palestinos como militares o voluntarios que estábamos en contra de la ocupación”.

Comienza una nueva huida, esta vez a Jordania, para poder regresar a Gaza, al que no puede llamar su casa. Su experiencia en Irak le había transformado mental e ideológicamente a defender políticas de izquierda y de cambio social. Una transformación que nunca imaginó que le acarrearía nuevos problemas, también con la sociedad palestina y con su propia familia. Durante cuatro años colabora con una ONG en Gaza que ayudaba a menores y mujeres, los dos grupos más castigados, “tanto por la ocupación como por una sociedad machista”.

Ante esta situación insostenible, decide huir de nuevo, pero esta vez le llevaría casi tres años. “En la Franja, tu vida peligra diariamente. Las bombas no diferencian entre militares o civiles. Pero al ser activista asumes el riesgo añadido de ser perseguido personalmente”. Tenía que conseguir mucho dinero para sobornar a los funcionarios egipcios (aproximadamente 3.000$) y poder cruzar la única frontera que no controla Israel, al sur de la Franja de Gaza.

Actualmente no se puede salir de la Franja a no ser con una beca o por enfermedad terminal. Más de 120.000 personas podrían estar en esta situación, según Ahmed, “y aun así Israel les está impidiendo la salida”. Además, señala que la frontera con Egipto solo se abre cada seis meses y se tiene que pagar entre 3.000 y 6.000 dólares para que te dejen pasar, algo que no está al alcance de todo el mundo. Una tarifa cada vez más costosa por el aumento de personas que tratan de huir.

Su objetivo era llegar a Italia, donde había hecho contactos con una ONG que había conocido en sus años de voluntario. Tuvo la mala suerte de que su visado caducaba el mismo día que logró salir de Gaza y los egipcios querían deportarle. Para evitarlo, emprende otra odisea surrealista que le llevaría a Malasia y luego a Siria, donde estuvo un año, hasta que percibió que “las cosas se estaban calentando” y su pasaporte estaba a punto de caducar.

Cuando todo parecía perdido conoció a una chica hispano-palestina y a dos abogados de CEAR en un campamento de refugiados para palestinos que estaban en Siria. Por fin, parecía que la suerte estaba de su lado: “Me salvaron la vida”. Gracias a su asesoramiento logró entender mejor sus derechos si lograba llegar a un lugar seguro. Logró hacerlo a través de un viaje a Cuba con escala en Madrid. Una vez en el aeropuerto de Barajas solicitó asilo y con la ayuda de los abogados logró acceder a la entrevista. “A las 48 horas me trasladaron a un centro de acogida y comencé a rehacer mi vida”.

Experiencia en Siria y refugiados en Europa

Estuvo durante una temporada en el campo de refugiados de Yarmouk, en donde conoció a mucha gente que se encontraba en su misma situación. Él se fue antes de que comenzara la guerra, pero sabe que quienes se quedaron sufrieron la represión de todas las partes. “Los refugiados pagamos los platos rotos de todo el mundo. El si no estás conmigo, estás contra mí”.

Muchos de las personas refugiadas palestinas que conoció eran de la cuarta generación, sirios de origen palestino, pero sin los mismo derechos. «Teníamos prohibido comprar casas, trabajar en servicios públicos ni en muchos privados. No pueden salir de los campos…”

No sabe decirnos exactamente cuántos refugiados palestinos pueden haber muerto en el Mediterráneo tratando de llegar a Europa, pero sí recuerda con dolor que hace dos años murieron casi 500 en un naufragio. “Casi toda la población palestina que estaba en Siria está ahora en Europa, sobre todo, los que tenían dinero. Los que no, están en los campos de refugiados de Líbano, porque a Jordania y Turquía no les dejaban pasar sino eran sirios».
También han huido de Irak, donde había hasta medio millón de palestinos; “hoy en día no queda ni uno”.

Ahmed piensa que la gente se olvida muy rápido de las cosas que no quiere recordar. “Tienen la memoria muy corta. Aquí la huyeron tras la guerra civil y en el resto de Europa por la Segunda Guerra Mundial”. Y no se explica la que han montado algunos políticos por el posible traslado de unas 17.000 personas refugiadas a España desde Grecia e Italia, y países vecinos a zonas en conflicto: “Caben en una grada del Bernabéu”.

Un país tan pequeño como el Líbano, de cuatro millones de habitantes, ha acogido a más de un millón. Los refugiados se van a los sitios más cercanos y la mayoría no llegan ni Europa. “No sé cómo los líderes europeos pueden asumir esta factura moral”.

Nueva vida en España

“Aquí he podido comenzar una vida normal, como estudiar y vivir”. Insiste en lo de la vida normal, porque dice que para la mayoría de refugiados palestinos es un sueño irrealizable. A los pocos meses comenzó a trabajar en CEAR y pudo volver a estudiar en la universidad tras dos intentos fallidos en Irak y Palestina. Y por fin ha conseguido lo que parecía una utopía: la nacionalidad española. “La primera vez en mi vida que voy a tener una con 32 años, porque en Palestina nacemos sin una nacionalidad reconocida. CEAR para mí ha sido un salvavidas y el primer paso en la integración a una nueva sociedad. Me acompañó desde el momento menos uno, porque me ayudó antes de llegar a España”.

Ahora puede llevar la vida que siempre soñó, con trabajos, estudios y su pareja de origen palestino con la que se ha comprado una casa. “Lo peor es que no hay ‘casa’ a la que volver, sino a un campo de refugiados. El derecho a retorno debe ser un derecho básico, pero de momento no es viable, aunque seguiremos luchando para que nuestras hijas y nietas puedan ejercerlo siempre que quieran”.

Toda la familia de Ahmed continúa en Gaza, un pueblo sin Estado en que “un niño de 8 años ha vivido tres masacres en la que han muerto más de 8.000 personas e incontables heridos de gravedad”. En la zona donde están sus padres tienen de 4 a 5 horas al día de suministro eléctrico y no hay agua potable. “Las viviendas destruidas ni se reconstruyen”.

A los líderes europeos solo les pediría que fueran humanos y que piensen que también les puede pasar a ellos. “No sé cómo duermen viendo las miles de personas que están muriendo por la falta de vías legales y seguras. Sinceramente, creo que no piensan que los refugiados y migrantes son seres humanos”. Por último, no se olvida del origen de los conflictos y que los países ricos venden armas y compran petróleo a quienes hacen la guerra. “Un negocio para unos pocos”… una tragedia para toda la humanidad. Ahmed es uno de los protagonistas del documental ‘Memorias de Refugio‘.

‘Memorias de Refugio’ es un proyecto audiovisual para no olvidar quiénes somos y de lo que somos capaces. Un documental para recuperar la memoria y homenajear a todas aquellas personas que tuvieron que arriesgar sus vidas para poder vivir seguras y en paz. 

 

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