CEAR reclama a los países de la Unión Europea que sigan garantizando la protección a las personas refugiadas sirias

La caída del régimen de Bashar al Asad ha generado nuevas expectativas a millones de personas. Sin embargo, Siria se encuentra ante un panorama de inestabilidad e incertidumbre en el que la seguridad de la población civil dista de estar garantizada. En este contexto, CEAR advierte de la necesidad de garantizar los derechos de todas las personas que se encuentran en el país y de mantener el acceso a la protección internacional de aquellas obligadas a huir. 

El pasado diciembre de 2024, en apenas 10 días, una ofensiva conjunta de grupos armados de la oposición ponía fin al Gobierno de Bashar al Asad. A pesar de que una gran parte de las personas sirias, tanto dentro como fuera del país, celebraran su caída, los 14 años de conflicto han marcado tanto sus vidas como la realidad del territorio.  

Una lectura precipitada de la actual situación en Siria podría llevar a pensar que es ya un país seguro, por lo que quienes huyeron en su momento podrían regresar, pero este es un imaginario por el momento irreal. Esta nueva etapa comienza con un contexto de inestabilidad política y económica, a lo que se suman las tensiones regionales e intracomunitarias, la crisis climática y los devastadores efectos del conflicto y el desplazamiento prolongado.  

En el plano humanitario, en 2025 más de 16 millones de personas necesitarán ayuda humanitaria para poder cubrir necesidades básicas como la alimentación, la salud y el agua, según la ONU. Es urgente dar una respuesta adecuada a esta situación y revertir, al mismo tiempo, el impacto negativo que han tenido las sanciones internacionales para el desarrollo de acciones humanitarias en el país.  

Pero esta no es la única amenaza que se cierne sobre Siria. Desde el primer momento tras la caída del régimen de Asad, Israel inició sus movimientos en los territorios limítrofes del país, intensificando progresivamente sus ataques sobre el mismo, extendiendo su presencia militar y alimentando las tensiones. Además, recientemente ha desplegado tropas en la zona desmilitarizada entre ambos países, que se encuentra bajo supervisión de las fuerzas de mantenimiento de la paz de la ONU, la cual ya ha expresado su preocupación ante estas violaciones por parte de Israel, sin que se haya producido una respuesta contundente por parte de la comunidad internacional.  

Por otro lado, la zona de la costa está sufriendo una brutal ola de violencia, que ha desatado masacres indiscriminadas de más de un millar de personas, principalmente miembros de la confesión minoritaria alauí. Al mismo tiempo, más de medio millón de personas refugiadas de Palestina viven acogidas en Siria y cuatro de cada cinco en condiciones de pobreza. Estas se han visto afectadas de manera significativa por el conflicto, sufriendo desplazamientos secundarios tanto en el interior como fuera de él.  

En este escenario, las decisiones tomadas por algunos Estados miembro de la Unión Europea como Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, Francia, Grecia, Italia y Suecia, de suspender las solicitudes de asilo de personas procedentes de Siria, no son sólo precipitadas, sino también contrarias al derecho internacional y de la propia UE. Ambas normativas contienen condiciones bien definidas en cuanto al cese de esta protección, entre las que se incluyen que los cambios en la situación del país de origen han de ser significativos y duraderos, lo cual secunda también ACNUR. 

¿Es el momento de que las personas refugiadas vuelvan a Siria? 

El retorno de todas las personas desplazadas forzosamente y refugiadas será un proceso lento y delicado que sólo podrá culminar con el establecimiento de un gobierno democrático y estable, el restablecimiento de la seguridad y una reconstrucción efectiva. Ninguna de estas condiciones puede darse en el corto plazo, de modo que aquellos países que han acogido a las más de seis millones de personas refugiadas sirias deben mantener su nivel de protección, al menos hasta que su seguridad se garantice y pueda darse un retorno voluntario. 

Es por ello por lo que continúa siendo absolutamente necesario garantizar el acceso efectivo al derecho de asilo. Para lo cual es clave que países como España eliminen cualquier tipo de obstáculo, como la exigencia del visado de tránsito para las personas originarias de Siria, introducida en 2011.  

Por otra parte, resulta fundamental asegurar el acceso efectivo a los servicios básicos de las personas refugiadas, especialmente de aquellas acogidas en países limítrofes como Líbano, Jordania y Turquía, y mantener una ayuda humanitaria ágil, adecuada y sin impedimentos para quienes se encuentran en el país.  

Alcanzar una solución definitiva para que todas las personas puedan regresar y vivir en paz y seguridad, pasa por reforzar el proceso de transición democrática, especialmente a través del apoyo a las organizaciones de la sociedad civil locales, lideradas por mujeres y representantes de minorías étnicas, lingüísticas y religiosas del país. Además, se deben implementar medidas que aseguren el derecho a la verdad, justicia y reparación para todas las víctimas de violaciones graves del derecho internacional y de los derechos humanos, prestando especial atención a las personas supervivientes de torturas, así como a las víctimas de desapariciones forzadas y sus familias, promoviendo la rendición penal de cuentas ante las jurisdicciones internacionales y nacionales.  

Todas las personas sirias deben tener garantizada su seguridad y sus derechos humanos. Para conservar este compromiso de cara a quienes viven en la diáspora dentro de la UE, es fundamental que los Estados miembros continúen brindando la protección internacional a las personas sirias, realizando un estudio individualizado de cada solicitud que atienda a las vulnerabilidades específicas de cada caso y poniendo todo lo que esté a su alcance en el ámbito internacional para hacer de Siria un país seguro y en paz donde poder regresar y vivir.

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