Belal, periodista egipcio condenado por informar

Este joven periodista egipcio pasó dos años cubriendo las protestas. Tuvo que huir tras conocer que había sido condenado, sin haberse celebrado un juicio, a 15 años de prisión. Llegó a España en 2016, y hoy, con el reciente estatuto de refugiado en el bolsillo, habla esperanzado de su futuro y desolado sobre la situación en su país.

 

Cuando volvió a su país, el periodista egipcio Belal Darder no tuvo miedo de sacar  su cámara en las manifestaciones que sacudían las calles, y en las que muchas veces, además de los asistentes, también se contaban heridos, detenidos y muertos. O si lo tuvo, desde luego pudo superarlo. Después de estudiar en el extranjero, con poco más de 20 años, este fotoperiodista abrió un blog con las imágenes de las protestas, pero también de la vida cotidiana, empezó a escribir artículos y ofrecerlos a diferentes medios. Y para su sorpresa, poco a poco, fueron publicando sus trabajos.

Sí le debió paralizar el miedo -al menos un instante- cuando, al descolgar el teléfono, un abogado le comunicó que le habían condenado a 15 años de cárcel. Sin notificación previa. Sin juicio. Su trabajo había llegado demasiado lejos y había molestado lo suficiente al régimen de Al Sisi.

Belal tenía entonces 22 años, pero ya sabía que su nombre se unía así al del fotógrafo Shawkan, y al de decenas de periodistas egipcios más que habían visto en los últimos años como su trabajo se convertía en motivo de condena, tal y como ha denunciado Reporteros Sin Fronteras. Belal decidió entonces no caer en “la trampa” de recurrir la sentencia y huyó del país pocos días después.

Tras pasar por Malasia y Hong Kong, en 2016 Belal llegó a España gracias un programa de protección de Amnistía Internacional y al año siguiente solicitó asilo con el apoyo de CEAR. Días antes de producirse la entrevista, supo que se le había concedido el estatuto de refugiado. En estos dos años y medio de incertidumbre, Belal ha tenido tiempo de conseguir trabajo en una compañía de seguros médicos, aprender un español exquisito que salpica con refranes castizos y, sobre todo, de enamorarse. “Ella es mi vida ahora mismo”.

Y aunque lamenta que “ya no queda nadie en Egipto” para contar al mundo las cosas que pasan, y que le falta tiempo para sacar todas las fotos que imagina, la sonrisa que se le escapa mientras habla deja claro que Belal no tiene miedo al futuro.

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