Abou, el pescador amenazado por denunciar la sobreexplotación de los mares, obtiene la protección internacional en España
En agosto de 2025, Abou Sene ha sido obtenido el estatuto de refugiado en España, tras años de espera. La resolución favorable de su solicitud de protección internacional pone fin a una etapa marcada por la incertidumbre, y abre para él una nueva vida en Sevilla, donde ha encontrado seguridad y estabilidad.
Pero su historia comenzó mucho antes. Abou era pescador en su país natal, Gambia, hasta que el Gobierno firmó un acuerdo con China. A través de este, podrían construir sus fábricas y permitía la entrada de sus buques de arrastre para pescar en aguas de las que dependían sustentos familiares. Abou no tuvo otra salida que huir por recibir amenazas por denunciar la sobreexplotación de los mares y los ríos de su país.
“Se dedicaban a la sobrepesca, lo cual nos afectó gravemente. No solo a los pescadores, sino a la población del país en general, a los pobres. Todos sufrimos las consecuencias”, afirma Abou.
Además, con la construcción de la fábrica se vertieron directamente residuos químicos al mar y al río: “Los pescadores ya no pescábamos nada. El pescado se volvió muy caro, y solo los ricos se lo podían permitir”, denuncia.
Amenazas por proteger el futuro de su país
Por eso ahora reclama medidas para evitar que las futuras generaciones puedan vivir de una de las principales actividades económicas que tienen muchas comunidades gambianas. Sin embargo, sus demandas fueron respondidas con amenazas y agresiones. “Vinieron a mi puesto y destrozaron todo, mi ropa… Se abalanzaron sobre mí y comenzaron a golpearme. Me dieron una paliza sin piedad. Me hicieron tanto daño que casi me matan”, recuerda aún con dolor Abou.
Desde ese momento supo que su vida corría serio peligro si no abandonaba el país. No se podía fiar de unas autoridades que protegían antes los intereses extranjeros que los de su propia población. “Cada día, cada minuto, mi vida estaba en peligro, y yo lo único que quería era sobrevivir”, señala rememorando el día que tuvo que huir y cambió su vida para siempre.
Afortunadamente, él logró huir, aunque tuvo que dejar atrás a su familia. Llegó a España en 2020 y desde 2021 vive en Sevilla. Solicitó asilo y contó con el apoyo de CEAR en Andalucía. Desde que se vio obligado a huir de Gambia sueña reunirse de nuevo con su familia, especialmente con su hija, a la que vio por última vez cuando tenía 7 años. Eso le ayudaría a encontrar la paz mental que necesita para poder luchar contra los males que azotan a su pueblo y a muchos pueblos africanos. “Si esta situación se prolonga, África se acabará consumiendo”, concluye.
Un nuevo comienzo y una lucha que continúa
En agosto de 2025, tras más de cinco años en España, la solicitud de protección internacional de Abou ha sido resuelta de manera favorable. Obtener el estatuto de refugiado es un paso que le permite mirar al futuro con esperanza, reconstruir su vida en España y seguir luchando por la defensa del medioambiente y la justicia social desde un lugar seguro. Estos años no han sido fáciles para él: desde aprender un nuevo idioma, pasar por empleos precarios y echar de menos a los suyos, especialmente a su hija. Hoy, por fin, Abou siente tranquilidad y estabilidad: desde hace más de dos años trabaja en la cocina de un negocio de hamburgueserías en Sevilla y Jerez, vive en el barrio de Torreblanca, donde ya es uno más, y donde incluso llegó a salvar a algunos de sus vecinos de un incendio en 2023. Ahora, con su estatuto de refugiado concedido, solo piensa en una cosa: volver a reunirse con su familia.
Con motivo del 24 de octubre, Día Internacional contra el Cambio Climático, Abou recuerda que su historia está profundamente ligada a la crisis ambiental que amenaza a millones de personas en África y en todo el mundo. Aunque su reconocimiento ha sido por motivos de persecución, su caso refleja también cómo la degradación del medioambiente y la explotación insostenible de los recursos están forzando cada vez a más personas a huir.
“Si seguimos pescando de esta manera, atrapando peces pequeños que deberían crecer para el futuro, nos vamos a quedar sin nada”, advierte Abou. Su testimonio es un recordatorio de que la lucha contra el cambio climático también es una lucha por la vida, la dignidad y el derecho a quedarse donde uno pertenece.
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