Abou, el pescador amenazado por denunciar la sobrexplotación de los mares y los ríos

Abou era pescador en su país natal, Gambia, hasta que el Gobierno firmó un acuerdo con China. A través de este, podrían construir sus fábricas y permitía la entrada de sus buques de arrastre para pescar en aguas de las que dependían sustentos familiares. Abou no tuvo otra salida que huir por recibir amenazas por denunciar la sobreexplotación de los mares y los ríos de su país.

 

“Se dedicaban a la sobrepesca, lo cual nos afectó gravemente. No solo a los pescadores, sino a la población del país en general, a los pobres. Todos sufrimos las consecuencias”, afirma Abou. 

Además, con la construcción de la fábrica se vertieron directamente residuos químicos al mar y al río: “Los pescadores ya no pescábamos nada. El pescado se volvió muy caro, y solo los ricos se lo podían permitir”, denuncia. 

Amenazas por proteger el futuro de su país

Por eso ahora reclama medidas para evitar que las futuras generaciones puedan vivir de una de las principales actividades económicas que tienen muchas comunidades gambianas. Sin embargo, sus demandas fueron respondidas con amenazas y agresiones. “Vinieron a mi puesto y destrozaron todo, mi ropa… Se abalanzaron sobre mí y comenzaron a golpearme. Me dieron una paliza sin piedad. Me hicieron tanto daño que casi me matan”, recuerda aún con dolor Abou.  

Desde ese momento supo que su vida corría serio peligro si no abandonaba el país. No se podía fiar de unas autoridades que protegían antes los intereses extranjeros que los de su propia población. “Cada día, cada minuto, mi vida estaba en peligro, y yo lo único que quería era sobrevivir”, señala rememorando el día que tuvo que huir y cambió su vida para siempre.  

Afortunadamente, él logró huir, aunque tuvo que dejar atrás a su familia. Ahora vive en Sevilla, donde ha solicitado asilo con el apoyo de CEAR Andalucía, y su mayor deseo es que se le conceda el estatuto de refugiado para así poder rehacer su vida y tratar de reunirse de nuevo con su familia, especialmente con su hija, que ahora tiene 7 años. Eso le ayudaría a encontrar la paz mental que necesita para poder luchar contra los males que azotan a su pueblo y a muchos pueblos africanos. “Si esta situación se prolonga, África se acabará consumiendo”, concluye. 

 

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