Personas solicitantes de asilo y jubiladas cultivan ‘Huertas Amigas’ en Navarra

Un grupo de solicitantes de asilo ayuda a personas mayores a cultivar “huertas amigas” que destinan su producción a bancos de alimentos locales mediante una iniciativa impulsada por CEAR en Navarra.

 

Cada martes, a las ocho de la mañana, Oumar, Demba, Oussou, Adama, Laimar, Boubacar y otros jóvenes se reúnen con personas voluntarias de la Asociación de Mayores Lacarra de Pamplona y trabajan codo con codo, azada con azada, para mantener productivas las huertas de personas también mayores que no pueden hacerse cargo de ellas.  

Los primeros son hombres de origen subsahariano que llegaron a España en busca de asilo y están acogidos por CEAR en Navarra. Los segundos, personas jubiladas de la zona. Juntas son la primera colaboración de voluntariado con solicitantes de protección internacional que hace la organización.  

“La evaluación general de esta actividad es muy positiva. Tanto desde la asociación como desde las personas participantes se ha transmitido mucha alegría, trabajo en equipo e inclusión en el desempeño de dicha colaboración”, describe Arkaitz Alzueta, técnico de Integración Social en CEAR en Navarra.

En la Transpirenaica Solidaria del año pasado, CEAR percibió el interés de algunos de los asistentes en la agricultura y las huertas de la región. Mientras, en la Asociación Lacarra buscaban voluntarios para ayudar en el proyecto “huertas amigas”, que dona los cultivos a bancos de alimentos. Así surgió la cooperación. 

“Las relaciones de las personas asistentes con las propietarias de las huertas y las demás voluntarias de la asociación son inmejorables. Asisten con puntualidad, trabajan, aprenden, se relacionan y ayudan a personas mayores que de otra manera no podrían trabajar sus huertas”, explica Arkaitz.  

Después de meses en marcha, más allá de los 15.000 kilos de patatas que recogieron en un solo día este verano, el gran logro del proyecto es que sirve para crear lazos dentro de la comunidad. 

“Los abuelos son gente muy valiente. Son mayores, pero todavía tienen ganas de trabajar y de hacer cosas. Estoy muy contento de estar aquí con ellos”, dice Oumar, que viene desde Gambia. Madu, otros de sus compañeros, asegura que a todos les gusta la actividad porque no solo aprenden a trabajar el campo, también «el idioma, las costumbres», y ayudan a gente que lo necesita.  

“Son muy activos y muy trabajadores. Ellos son jóvenes, son fuertes, y están a gusto trabajando porque consideran que es un trabajo que merece la pena”, cuenta Manuel Burguete, presidente de Lacarra, quien también aprende en este intercambio con los jóvenes, que llegaron a España a través de la ruta canaria. “Nos han contado su experiencia del viaje y nos han enseñado unos vídeos tremendos, tremendos”, lamenta. 

CEAR Navarra se ha unido a esta iniciativa para poner en valor todo lo que aportan estas personas a la sociedad de acogida. Experiencias muy positivas, tanto para su propia inclusión, como para la sensibilización de la población autóctona, ya que se establecen vínculos de confianza, amistad y solidaridad.

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