En Málaga, un grupo de jóvenes refugiados ha encontrado en el fútbol mucho más que un deporte o que una actividad de ocio. Han encontrado un equipo, una red de apoyo y un espacio en el que sentirse una parte importante de algo.
El CEAR CF nació con un objetivo claro: la inclusión de las personas refugiadas a partir de la mejora de la salud física y mental de las personas refugiadas. Y para ello, este proyecto ha sido una herramienta ideal. Porque todos y cada uno de estos chicos del equipo ha encontrado en él a un grupo de amigos, un lugar desde el que poder empezar a construir lazos, a formar parte activa de sus comunidades, e incluso a mejorar el aprendizaje del idioma o a encontrar trabajo.
El proyecto entiende el deporte como una herramienta de inclusión real. No simbólica. Práctica. No teórica. Real como sus vidas.
“El fútbol te ayuda a normalizar y a trasmitir valores”
El entrenador del CEAR CF Málaga lo explica con claridad:
“Al fin y al cabo el fútbol te ayuda a normalizar y además te ayuda a transmitir ese tipo de valores que necesitamos que los entrenadores y los niños tengan más como comunidad.”
Lo que comenzó con la organización de un partido terminó convirtiéndose en un proyecto estable. En una ciudad como Málaga, con un volumen importante de personas migrantes y refugiadas, contar con un equipo así no es anecdótico: es necesario.
El fútbol aquí no solo se entrena técnica o táctica. El día a día de un equipo como el CEAR CF es trabajar la convivencia en nuestra sociedad. La confianza de nuestros chicos. Y la igualdad frente al racismo.
Del miedo al vínculo. El fútbol es un lenguaje universal.
Alan, 17 años, llegó desde Colombia con la incertidumbre propia de empezar de cero. El primer día fue extraño: algunos de sus compañeros todavía no hablaban muy bien español y eso hacía de barrera, generándole cierta inseguridad.
Pero el fútbol es un lenguaje común. Un idioma universal.
“Poco a poco me fui adaptando a ellos y ellos a mí”, cuenta. Hoy no solo entrena, también comparte ejercicios de su país, ríe, propone, sueña con ganar un torneo en España y con tener más oportunidades en el fútbol.
Porque cuando hay equipo, hay futuro.
El verdadero reto del CEAR CF: la constancia frente a la rotación
Uno de los principales desafíos del CEAR CF es la rotación. Muchos jóvenes entran y salen del equipo por cambios en su situación legal o en los programas de acogida en los que participan, por incompatibilidad en el horario con formaciones o con sus trabajos o, en ocasiones, por traslados a otras ciudades.
“El grupo va cambiando bastante”, reconoce el entrenador. “Entran unos, salen otros.” Sin embargo, los lazos que se crean permanecen y van más allá del campo. Se apoyan. Se escriben. Comparten inquietudes. Piden ayuda cuando la necesitan.
Ahí es cuando el proyecto demuestra su verdadero impacto.
Dejar los prejuicios fuera del campo: cuando el fútbol es inclusión.
El mensaje final es sencillo pero profundo:
“Los miedos y los prejuicios hay que dejarlos a un lado. Siempre se aprende y siempre se gana.”
El CEAR CF demuestra que mezclar fútbol e inclusión social no es solo una idea, sino una práctica diaria que transforma vidas. Forma comunidad. Y recuerda que la integración no ocurre en abstracto: ocurre cuando compartimos espacios, experiencias y objetivos comunes.
Y a veces, todo empieza con un balón.

