Un refugio contra la tortura

El 26 de junio, Día Internacional de Apoyo a las Víctimas de Tortura, CEAR recuerda el deber como organización y como sociedad de acompañarlas en su dolor, luchar junta a ellas contra la impunidad y buscar la reparación como camino hacia un mundo sin tortura.

 

La tortura, entendida como la violencia intencional perpetrada con el objetivo de controlar, ejemplificar y romper la personalidad y la voluntad de una persona y su comunidad, sigue produciendo graves consecuencias físicas y psicológicas en las personas que la sufren, sus familias y las comunidades en las que viven, produciendo una grave desestructuración en las mentes, los cuerpos y la identidad de las mismas.

A través de equipos multidisciplinares, CEAR trabaja con víctimas de tortura refugiadas en España con el fin de recuperar su proyecto vital roto por la tortura y el exilio. Además de apoyarlas en su proceso jurídico de solicitud de asilo, la organización les acompaña en un proceso de rehabilitación largo y complejo, donde las supervivientes de estas prácticas sacan toda su fuerza y resistencia para poder tomar las riendas de su vida en un ambiente de seguridad, en un intento de restablecer el vínculo y la confianza en los seres humanos.

«Somos conscientes de la importancia de reconocer y validar el dolor, el sufrimiento y la frustración de quien ha intentado luchar por un mundo mejor y le han dañado, y por otro lado, el valor, la fortaleza y la resistencia que estas personas han sacado para hacer frente a sus graves heridas», explica María Ángeles Plaza, técnica estatal del servicio psicológico de CEAR.

El año pasado, CEAR ofreció apoyo psicológico a 161 víctimas de tortura. Una tercera parte había sufrido violencia sexual y más de 20 pertenecen al colectivo LGTBIQ+. Estos son algunos de sus testimonios (sus nombres han sido omitidos para preservar su privacidad):

«Todos los niños éramos torturados todos los días. Me escapé, sobreviví y estoy en España. Ahora solo quiero estudiar. No les guardo rencor. Mi arma son los lápices», adolescente kurdo.

«Me he tatuado con dibujos todo mi cuerpo para que la gente cuando me mire no vea las cicatrices y solo vea los dibujos. No soportaba la mirada de los demás porque me hacía sentir vergüenza de mí mismo», joven homosexual camerunés.

«Han destrozado mi vida para siempre y nunca volveré a ser la chica feliz que era. Me quitaron el honor y estoy marcada para toda la vida. Mi familia está avergonzada ya no tengo reputación en mi país», mujer iraní.

“Desde que era solo un adolescente he sufrido distintas detenciones y torturas De todos los tipos. Las marcas están en mi cuerpo pero sobre todo en mi mente. Si tu mente se mantiene fuerte y tienes claro el objetivo nunca podrán doblegarte”, solicitante de asilo kurdo.


* Desde hace cinco años CEAR pertenece al IRCT (Consejo Internacional para la Rehabilitación de Víctimas de Tortura), una red internacional con más de 150 centros para la rehabilitación de supervivientes de tortura en 75 países.

 

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