Tolerancia cero con la mutilación genital femenina: por un mundo libre de violencias contra las mujeres

Este año, alrededor de 12.000 mujeres y niñas al día podrían sufrir la mutilación genital femenina, una terrible violación de sus derechos humanos, de su salud y de su integridad. Esta práctica es reconocida como una forma de violencia de género y es uno de los motivos para buscar refugio.  

 

Aunque las niñas de hoy tienen un tercio menos de posibilidades de ser sometidas a esta práctica en comparación con hace 30 años, aún no están exentas de la amenaza de sufrir mutilación genital femenina (también conocida como ablación), una práctica que supone una grave violación de derechos humanos 

Su erradicación es uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030, pero para cumplirlo sería necesario avanzar diez veces más rápido, según la ONU, quien calcula que cerca de 4,4 millones de mujeres y niñas podrían sufrir la amputación de su clítoris y de sus órganos genitales, total o parcialmente.  

Con frecuencia, se realiza como un ritual, prescindiendo de anestesia y en condiciones poco higiénicas. Esto se justifica por varias razones, como la influencia de la tradición cultural, las normas sociales establecidas, la preparación para la vida adulta y el matrimonio, o incluso como un método para condicionar la sexualidad femenina, entre otras cuestiones. 

“El día que nació mi hija empecé a convencer a mis hermanas, primas y vecinas para cambiar su destino. Ese día empezó mi lucha contra la mutilación genital femenina”, relata Asha Ismail, de Kenia, y fundadora de la ONG Save a girl, save a generation 

Avanzando hacia la protección 

En relación a la solicitud de protección vinculada a la mutilación genital femenina, hay diferentes causas: 

  • Mujeres y niñas que huyen de sus países por peligro a sufrir esta práctica. 
  • Aquellas que ya han sido sometidas a la ablación y temen sufrir más mutilaciones al regresar a su país.   
  • Progenitores que escapan con sus hijas para protegerlas de la ablación, siendo la niña la principal solicitante de protección. 
  • Mujeres que han sufrido mutilación y presentan secuelas físicas y psicológicas. 
  • Mujeres o niñas que podrían enfrentar aislamiento y discriminación en su país de origen por rechazar esta práctica.  
  • Niñas y jóvenes nacidas en el país de acogida cuyos padres son originarios de países donde se practica la mutilación. 

Las mujeres y niñas en estas situaciones podrían recibir protección internacional, como reconocen algunos países como España, lo que les permite vivir a salvo de esta violencia de género y no tener que retornar a sus países de origen en caso de que exista el riesgo de ser víctimas de esta práctica por presiones familiares o comunitarias. 

 Refugio por género 

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) ha sentenciado que la violencia contra las mujeres debe entenderse como una forma de persecución. Por eso, aquellas que huyan de su país de origen por riesgo, por ejemplo, de sufrir un crimen de honor, violencia sexual o un matrimonio forzoso deben poder obtener el estatuto de refugiadas en la Unión Europea.  

Además, considera que, si no se cumplen las condiciones para la concesión del estatuto de refugiado, tendrán derecho a la protección subsidiaria también en caso de amenaza real a su vida o integridad física. De esta forma, haber sufrido o estar en riesgo de sufrir mutilación genital femenina se reconoce como una forma de violencia contra las mujeres y, por tanto, se les debe garantizar la protección internacional. 

Por este motivo, CEAR subraya la importancia de avanzar hacia la adecuada detección e identificación en frontera y a lo largo del procedimiento de situaciones de violencia sufridas por mujeres y niñas, mediante una valoración adecuada de las situaciones de violencia y vulnerabilidad. 

Un peligro en todas partes 

La mutilación genital femenina es una práctica arraigada en cerca de 30 países de África, Oriente Medio, Asia, pequeñas comunidades de Latinoamérica y también dentro de poblaciones emigrantes que viven en Europa Occidental, en Norte América, Australia y Nueva Zelanda.  

Se trata de una amenaza global que necesita de acciones también globales para su erradicación. La colaboración y coordinación entre gobiernos, organizaciones internacionales, comunidades y la sociedad civil es esencial para construir sociedades basadas en la justicia y la igualdad, sin ningún tipo de violencia o amenazas como la mutilación genital femenina. 

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