¿Qué pasó con los compromisos de acogida de refugiados?

Hace tres años los líderes europeos acordaban una respuesta común para trasladar en un plazo máximo de dos años a 160.000 personas que estaban llegando a Grecia e Italia en busca de una vida digna. Aunque estos compromisos de acogida de refugiados eran de obligado cumplimiento, un año más tarde del final del plazo ni siquiera cumplieron con la tercera parte.

26 de septiembre de 2015. Los líderes europeos celebran la enésima cumbre para dar una respuesta a la mal llamada ‘crisis de los refugiados’, con el ruido de fondo de las manifestaciones que se habían sucedido en las principales ciudades europeas tras la icónica y desoladora foto del pequeño Aylan tumbado en una playa turca. Después del encuentro, apretones de manos y sonrisas forzadas por haber llegado a unos compromisos de acogida de refugiados  para reubicar en dos años a 160.000 que por entonces estaban llegando mayoritariamente a costas griegas y en menor medida a Italia. Apenas dos meses antes se habían comprometido a trasladar a una tercera parte (40.000).

Unos compromisos de acogida de refugiados que solo suponían poner un pequeño parche a una odisea que acabó ese año con más de un millón de personas buscando refugio en Europa, principalmente en Alemania. Sin embargo, tres años después -un año desde el fin de plazo- sabemos que ni siquiera fueron capaces de cumplir ni con la ridícula tercera parte a la que se comprometieron inicialmente: menos del 22% en el conjunto de la UE, menos del 9% en el caso de España. Y eso que durante estos tres años se han sucedido noticias prácticamente diarias de naufragios, muchas con nuevos Aylanes. y las imágenes de campos en suelo europeo han dado la vuelta al mundo, debido a las condiciones infrahumanas en las que se encontraban miles de personas que esperaban en vano a ser trasladadas a un lugar seguro y digno donde se les garantizaran sus derechos.

Si contamos las personas reasentadas desde terceros países no europeos, la proporción mejora ligeramente, aunque sin acercarse ni siquiera a la mitad del cumplimiento de los compromisos de acogida de refugiados: 35% de media europea, frente al 16% de España, que tardó más de dos meses en efectuar el primer traslado y finalmente solo fue capaz de reubicar/reasentar a 2.792 personas de las 17.337 a las que se había comprometido en la citada cumbre. Un clamoroso incumplimiento que provocó incluso la condena del Tribunal Supremo. No obstante, hubo países como los del llamado grupo de Visegrado (Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia) que prácticamente no movieron un dedo para acoger a ninguna persona e hicieron todo lo posible por boicotear estos acuerdos de obligado cumplimiento.

La falta de sanciones provocó que el orgullo de incumplir corriera como la pólvora por los países del Este hasta contagiar al resto del continente. En su lugar, la Comisión Europea se dedicó a construir un gran ‘Muro de Mentiras’ para tratar de justificar lo injustificable, como que no había personas refugiadas reubicables, porque aplicaban un criterio de nacionalidad discriminatorio contrario a los principios fundamentales del derecho de asilo. Personas de origen afgano, iraquí, iraní y muchas africanas quedaron desde el primer momento excluidas de estos compromisos, ya que las autoridades europeas consideraron que en sus países no corrían peligro. También quedaron atrapadas quienes huían por su orientación sexual o identidad de género u otros motivos de persecución que no se valoraban de manera individualizada. Y las que llegaron a las islas griegas a partir de abril de 2016, tras la firma del acuerdo ilegal entre la UE-Turquía.

Mientras tanto, el sistema de asilo griego ha seguido colapsado y se ha convertido en una ratonera inhumana para más de 60.000 personas atrapadas en este país, de las cuales más de 17.000 personas se encuentran durante meses (en ocasiones incluso años) hacinadas en los centros de recepción de las islas griegas, triplicando su capacidad total de 6.000 plazas. No menos preocupante es la situación en Italia donde, según denuncian organizaciones como Médicos Sin Fronteras, “más de 10.000 personas malviven excluidos sin atención sanitaria, comida, agua ni refugio”.

A finales del año pasado, la Comisión Europea pareció dar carpetazo a las fallidas reubicaciones con una nueva cuota de acogida de 50.000 plazas que serían asignadas a cada país voluntariamente a través del reasentamiento. Entre todos los países europeos solo llegaron a ofrecer 39.758 plazas (2.250 en el caso de España). Sin embargo, hasta la fecha no hay confirmación oficial de que se esté efectuando ningún traslado dentro de este nuevo plan.

Actualmente se siguen repitiendo las cumbres sobre migración, pero ya prácticamente nadie menciona aquellos compromisos de acogida de refugiados cuyo incumplimiento ha dejado en la cuneta a miles de personas. Las únicas reubicaciones son aquellas que se hacen ‘en caliente’ ante el cierre de puertos de Italia y Malta a los barcos de rescate de las organizaciones que prácticamente se han visto obligadas a desaparecer del Mediterráneo Central. Tampoco se habla de vías legales y seguras para que no se vean condenadas a recurrir a traficantes para poder llegar a un lugar donde puedan solicitar asilo. Lo único en lo que parecen ponerse de acuerdo es en tratar de alejar lo máximo posible a las personas migrantes y refugiadas de sus fronteras, aunque ello suponga financiar a países como Turquía, Marruecos, Libia, Egipto o cualquier otro que se preste a frenar las llegadas, aunque ello suponga poner en riesgo derechos humanos y vidas.

 

 


* Foto de cabecera: © Albert Pons

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