Mujeres activistas que arriesgan su vida por un mundo sin violencia contra las mujeres

En el Día para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres (25 de noviembre), CEAR rinde homenaje a las mujeres, algunas anónimas, otras tristemente famosas, que han puesto en peligro sus vidas por defender y garantizar los derechos humanos y en especial el de las mujeres a vivir en paz, dignidad e igualdad. 

  

De Norte a Sur, en cualquier lugar del mundo, hay una amenaza persistente contra las mujeres por ser mujeres: violencia sexual, la mutilación genital, trata con fines de explotación sexual, matrimonios forzados, violencia machista…  

Una lista de violencias demasiado larga e invisibilizada que combaten a diario mujeres, desde las sombras, en sus comunidades o a viva voz. Sus historias mandan un mensaje de superación y cambio que permite vislumbrar un futuro más justo y equitativo. 

Mujeres que cambian el mundo 

La violencia de género representa la principal amenaza al trabajo de las mujeres y niñas defensoras de los derechos humanos, periodistas y que ocupan cargos públicos, según la ONU. Este es el caso de Berta Cáceres, una referente lideresa indígena asesinada en 2016 por oponerse firmemente a la construcción de una presa de agua en una zona sagrada para su comunidad, en el norte de Honduras, el país con mayor tasa de feminicidios de América Latina, según Human Rights Watch.  

La violencia por el hecho de ser mujer obliga a huir especialmente a aquellas mujeres que tienen funciones de liderazgo en su comunidad. También a quienes se ven perseguidas por las maras o el crimen organizado, especialmente en el Triángulo Norte de Centroamérica.   

Además, quienes denuncian abusos policiales se ven gravemente amenazadas. Un ejemplo de ello fue el caso de la activista y concejala brasileña Marielle Franco, firme defensora de los derechos de las mujeres racializadas, asesinada a tiros en el vehículo en el que viajaba en 2018 en lo que fue considerado un “atentado al Estado de Derecho y la democracia».  

El peligro hacia las mujeres también proviene de los propios Estados, como el colombiano, que el año pasado fue condenado por amenazas, tortura psicológica y persecuciones a la periodista Claudia Julieta Duque y a su familia para intentar acallar sus investigaciones. Y sobre el que también penden acusaciones de desplazamientos forzosos y desposesión de tierras a comunidades campesinas, como las que ha denunciado reiteradamente Luz Estrella Romero. Esta abogada, feminista y defensora de los derechos humanos en la región del Caribe colombiano se vio obligada a buscar protección en España recientemente cuando comenzaron a acosar y amenazar también a su hijo. 

El grave retroceso que sufren los derechos de las mujeres y el aumento de la desigualdad entre hombres y mujeres es también preocupantemente notable en Afganistán, donde las mujeres y niñas han sido excluidas sistemáticamente de la vida pública desde la vuelta al poder de los talibanes. No pueden estudiar, trabajar o moverse sin la autorización de un hombre. Algo contra lo que lleva luchando décadas la activista Malalai Joya, denominada como “la mujer más valiente del país” tras denunciar durante décadas la corrupción y el fundamentalismo de los líderes afganos. Sobrevivió a varios intentos de asesinato y a día de hoy sigue luchando por los derechos de las mujeres afganas desde España. 

El enfado, la rabia y el hartazgo de las mujeres en Irán, ante décadas de opresión y violencia, explotó en forma de protestas y manifestaciones tras la muerte de la joven Mahsa Amini, golpeada hasta la muerte por no llevar bien puesto el velo. Semanas después, en pleno clamor popular contra la represión, Armita Geravand moría en las mismas circunstancias.  

A ello hay que añadir que en el contexto actual es especialmente preocupante la situación de las mujeres y niñas palestinas que simbolizan la interseccionalidad de múltiples violencias que atraviesa a muchas mujeres en diferentes rincones del mundo. Son preocupantes las consecuencias a nivel físico, psicológico y la ruptura del tejido social comunitario tan importante como forma de resistencia en la comunidad palestina.  

Mujeres y niñas, las más golpeadas

Las historias de estas mujeres que arriesgaron y en casos perdieron sus vidas por sus convicciones son solo un breve ejemplo. Ellas son las que se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad en los conflictos armados o contextos de violencia generalizada. También suelen ser las más afectadas por la falta de acceso a derechos más básicos en situaciones de pobreza extrema, por el impacto del cambio climático y la degradación ambiental.  

Pero escapar para buscar refugio no siempre es el fin de la violencia: cuando se ven forzadas a huir, mujeres y niñas están especialmente expuestas a lo largo del trayecto migratorio a sufrir violencias, por su condición de desplazadas o refugiadas y por su género. Las dificultades se multiplican, y el camino puede convertirse en un terreno peligroso en el que muchas veces el cuerpo de las mujeres se convierte en moneda de cambio. Ser mujer puede ser un imán para la violencia durante el trayecto, pero también un motivo de discriminación a la hora de recibir protección en el país de acogida, donde se complica aún más su proceso de inclusión social y su bienestar psicológico. 

Medidas para garantizar la protección de mujeres y niñas

Precisamente porque las mujeres sufren peligros específicos, deben tener garantizadas también medidas concretas para su protección. Desde CEAR, se insta a que los Estados reconozcan la protección internacional por motivos de género a las niñas y mujeres, un mecanismo a su alcance que puede salvar vidas y permitirles disfrutar al fin de un entorno de paz.  

Al mismo tiempo, urge el acceso a vías legales y seguras para dar respuesta y prevenir situaciones de violencia específica durante el trayecto contra las mujeres y niñas solo por serlo. Además, considera necesario tomar medidas para garantizar la participación segura de las mujeres en la esfera pública y en la toma de decisiones. 

A nivel europeo, es crucial avanzar hacia una adecuada detección e identificación en frontera de situaciones de violencia y trata sufridas por mujeres y niñas. En este sentido es preocupante la extensión de procedimientos fronterizos acelerados que impidan una valoración adecuada de las situaciones de violencia y vulnerabilidad. También es importante la aprobación de la Directiva de violencia contra las mujeres para garantizar una mayor prevención, protección y abordaje de la violencia contra las mismas. 

A nivel nacional, debe garantizarse el acceso al procedimiento de asilo para todas las mujeres y niñas que llegan a nuestras fronteras, atendiendo a sus necesidades específicas y aplicando un enfoque de género durante todo el procedimiento. Es importante también que se apruebe una Ley Integral contra la Trata de Personas con mecanismos eficaces de identificación y protección de víctimas de trata con fines de explotación, y que se siga trabajando para proporcionar un tratamiento diferenciado a las mujeres y niñas para identificar correctamente las violencias que han sufrido y facilitar atención psicosocial adecuada. 

Es necesario y urgente avanzar hacia un mundo más justo, equitativo y seguro en el que las mujeres y niñas no sufran violencia por el mero hecho de serlo. 

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