Los nuevos muros de Berlín de Europa

El 9 de noviembre de 1989, Europa celebraba la caída del Muro de Berlín. Un hito que parecía el comienzo de una nueva era que acabaría con las divisiones y evitaría nuevas guerras. Sin embargo, 30 años después hay construidos más de 1.000 kilómetros de muros y vallas a lo largo y ancho del viejo continente, la mayoría con el objetivo de frenar los flujos migratorios. El equivalente a seis muros de Berlín.

 

Cada vez más obstáculos que dificultan el respeto de los derechos humanos precisamente cuando más personas necesitan un lugar seguro donde se los garanticen. Especialmente alarmante, según refleja el informe ‘El negocio de construir muros’, es que dos de cada tres de esos nuevos muros y vallas se construyeron a partir de 2015, la mayoría en los Balcanes, principal ruta utilizada ese año por más de un millón de personas que trataba de llegar a Europa para huir de los conflictos en Oriente Medio, en especial de Siria.

Esto ha provocado que, en el momento en el que vivimos el mayor éxodo jamás registrado, con cerca de 26 millones de personas obligadas a abandonar sus países, sean las naciones vecinas las que asuman mayoritariamente la acogida. El 84% de las personas refugiadas se encuentran actualmente lejos de las fronteras europeas, generalmente en lugares con muchos menos recursos para garantizarles una vida digna y plena de derechos.

Lamentablemente, si hay un país pionero en levantar nuevos muros tras la caída del muro de Berlín ese es España. Las vallas de Ceuta y Melilla se construyeron en 1993 y 1996 respectivamente, y desde entonces no han parado de crecer, con el objetivo de impedir el acceso a nuestro país de forma legal y segura, incluso a potenciales solicitantes de asilo que tienen que recurrir a redes de tráfico o rutas mortales para poder ejercer este derecho humano. Además, en ellas se ha generalizado el uso de obstáculos cada vez más lesivos, como las cuchillas (también llamadas concertinas), y de las “devoluciones en caliente”, por las cuales el Tribunal Europeo de Derechos Humanos condenó a España hace dos años.

Esta ola regresiva de levantar muros en lugar de puentes provoca que miles de personas tengan que arriesgar sus vidas cada año para tratar de salvarla. En los últimos cinco años, mientras los países europeos destinaban millones de euros a reforzar sus fronteras, cerca de 20.000 personas han perdido su vida en el mar tratando de alcanzar el sueño europeo, sin contar aquellas que ni siquiera representan una fría cifra en las fuentes oficiales.

A estos muros físicos hay que añadir los ‘muros marítimos’ que intentan controlar los flujos migratorios en el Mediterráneo, como las operaciones Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas (Frontex). También los construidos en terceros países para externalizar las fronteras con dinero europeo con el objetivo de mantener a las personas migrantes y refugiadas lo más alejadas posibles. Actualmente, miles de personas se encuentran en tierra de nadie, a las puertas de Europa, en un limbo legal y humano. En definitiva, miles de millones de euros destinados a construir la Fortaleza Europa, frente a la Europa que soñamos de valores y de derechos.

 

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