¿Por qué se forman las caravanas migrantes?

Un 13 de octubre de 2018 miles de personas partían de San Pedro Sula con un mismo objetivo: unir fuerzas para traspasar las fronteras en su camino hacia Estados Unidos y afrontar juntas los peligros que acechan a las personas migrantes en las rutas hacia el malogrado ‘sueño americano’. A este fenómeno se le conoció ‘caravana migrante’

 

A esta primera ‘caravana migrante’ se fueron uniendo paulatinamente cada vez más mujeres, niños y hombres de distintos puntos de Centroamérica y posteriormente más grupos saldrían de distintos puntos de la región con el objetivo de huir de la violencia estructural que azota a sus países, en especial la protagonizada por las maras, violentas pandillas que ejercen un poder paralelo al Estado y que siembran el terror permanente en El Salvador, Honduras y Guatemala, países en los que en 2018 se registraron una media de 29 asesinatos al día.

Estas caravanas migrantes sirvieron para visibilizar las terribles situaciones que sufren las poblaciones de estos países desde hace años. Entre octubre y noviembre de 2018 se documentaron seis grupos que sumaron aproximadamente 15.000 personas, entre ellas muchas con necesidades de protección específicas: niñas, niños, mujeres embarazadas, familias, personas de la comunidad LGTB, adultos mayores, personas con discapacidad, periodistas y personas defensoras de derechos humanos.

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Caravanas migrantes

Una niña cruza, a través de un agujero en el suelo, la valla fronteriza entre México y Estados Unidos con su oso de peluche en la mano. © Edu Ponces / RUIDO Photo.

Un análisis realizado por la Red Jesuita con Migrantes Centroamérica identifica como motivos de esta violencia estructural: “Un modelo de seguridad y violencia militarizada y una economía excluyente de despojo que afecta a toda la población, principalmente a personas jóvenes y mujeres”. Todos estos factores, junto con los testimonios de quienes integran las caravanas migrantes, evidencian que nos encontramos frente a una población que está siendo expulsada de manera forzada de sus territorios por secuestros, extorsiones, violaciones, asesinatos, desapariciones y violencia por parte de pandillas, combinada con la violencia de género que afecta a las mujeres y especialmente al colectivo LGTBI.

Las condiciones de clandestinidad y vulnerabilidad que sufren en tránsito se han incrementado desde el año 2014, especialmente en México con el Programa Integral Frontera Sur, el cual se implementó bajo el argumento de salvaguardar la seguridad nacional y que en la práctica generó mayor violencia en las rutas, donde muchas manifiestan haber sido víctimas de algún delito. Por eso, las caravanas se han convertido en la vía de escapatoria más segura, ya que a través de ellas se facilitan protección y cuidados mutuos.

A pesar de que en esta ocasión las caravanas migrantes tuvieron una gran repercusión por el número de personas que participaron, es importante señalar que no se trata de un fenómeno nuevo. Desde el año 2010 se vienen realizando caravanas de migrantes, muchas conocidas como “viacrucis migrante” y lideradas por defensores de la Iglesia católica que vieron en el caminar colectivo una forma de reivindicar los derechos y defender la dignidad de las personas migrantes.

En esta ocasión, las caravanas migrantes sirvieron para que las personas encontraran en lo colectivo una manera de ser visibles y tener una voz propia. En un mundo en el que las personas migrantes forzadas y refugiadas son ignoradas y se encuentran sin protección, no solo en Estados Unidos, también en España. El año pasado nuestro país solo facilitó protección a 1 de cada 21 personas procedentes de Honduras, El Salvador y Guatemala, pese a que cada año haya más solicitantes de asilo de estas nacionalidades. CEAR lleva años reclamando que se les reconozca este derecho.

Criminalización y vulneración de derechos

La salida de las caravanas migrantes movilizó a todos los Estados de la región. La primera respuesta de los gobiernos fue la criminalización personal y colectiva del éxodo. El presidente hondureño llegó a afirmar que estaban organizadas por grupos interesados en desestabilizar al país, argumento que utilizó para justificar el uso de la fuerza en la frontera con Guatemala.

La única ayuda humanitaria recibida fue gracias a las comunidades, albergues y sociedad civil organizada. La primera caravana llegó a la frontera con México el 19 de octubre de 2018 y estaba conformada por aproximadamente 7.000 personas. El Gobierno mexicano respondió usando la fuerza de manera desproporcional contra todas las personas migrantes, mujeres, niños y bebés incluidos.

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Tras terminar la concentración en la valla fronteriza el pasado 10 de diciembre el grupo de manifestantes regresó caminando hacia San Diego por la playa. © Edu Ponces / RUIDO Photo.

Miles de personas tuvieron que esperar en el puente internacional, situación que puso en riesgo sus vidas, al no tener acceso a comida, agua, servicios médicos y sanitarios. La ayuda humanitaria se condicionó al ingreso regular que significó la detención y posterior deportación, sin garantizar el acceso a la protección internacional y violando el principio de no devolución de la Convención de Ginebra. Frente a este contexto hostil, muchas decidieron ingresar de forma irregular a través del río Suchiate y comenzar la travesía colectiva por México hasta llegar a Tijuana, algo que la mayoría no hubiera conseguido si no hubieran permanecido en grupo.

Cuando el primer grupo de personas llegó a Tijuana el 14 de noviembre, ya había un contexto hostil que comenzó con agresiones por parte de la población local y que continuó con la intimidación, detenciones y deportaciones por parte de las autoridades. El Gobierno de Estados Unidos utilizó el contexto del éxodo centroamericano como pretexto para justificar el endurecimiento de la política migratoria y restringir el acceso al asilo para las personas que llegan a la frontera.

La respuesta ante las caravanas migrantes ha sido desproporcional y se vio demostrado el 25 de noviembre en El Chaparral (cruce fronterizo entre México y Estados Unidos), cuando un grupo de aproximadamente 600 personas migrantes salieron en marcha pacífica que fue desviada por elementos de la policía federal hacia el muro fronterizo, y que fue repelida violentamente con gases lacrimógenos y balas de goma por las autoridades estadounidenses, sin importar una vez más la presencia de mujeres y niños en el área.

Durante el año 2019, el fenómeno de las caravanas migrantes ha seguido de forma más silenciosa y muchas de las que llegaron hace un año aún continúan atrapadas en la frontera México-EE.UU. a la espera de poder solicitar asilo. Mientras tanto, la Administración de Trump ha seguido alimentando los discursos de odio hacia estas personas, al tiempo que ha firmado acuerdos con Guatemala y Honduras para considerarles “tercer país seguro”, abriendo la puerta de par en par a devoluciones masivas que podría condenarlas a muerte.

Un grupo de migrantes centroamericanos que formaron parte de la conocida como “Caravana Migrante” observan la valla fronteriza entre México y Estados Unidos en Playas de Tijuana, Baja California, México. © Edu Ponces / RUIDO Photo.

* Este artículo es un resumen del capítulo del Informe Anual de CEAR 2019 ‘La Caravanas de Éxodo Centroamericano y su paso por México’. Escrito por Mariana Zaragoza del Programa de Asuntos Migratorios de la Universidad Iberoamericana (Ciudad de México-Tijuana).

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