Aylan, el rostro de una tragedia que no termina

Fue la imagen de la vergüenza migratoria europea y de la falta de vías legales y seguras para conseguir refugio. A pesar de las promesas que abrió su muerte, siete años y miles de muertes más tarde, la ausencia de compromiso político sigue amenazando la vida de miles de niño y niñas como Aylan Kurdi.

 

Su pequeño cuerpo sobre la arena despertó grandes promesas incumplidas para la acogida de personas refugiadas. Porque su muerte consiguió lo que tan difícil parece: recordar que cuando se habla de fallecidos en el mar, se trata de personas, y no de cifras.

Miles de Aylan Kurdi

Pero en este tiempo, las aguas del Mediterráneo no han dejado de mecer cuerpos como el suyo: desde entonces, más de 17 mil personas nunca llegaron a Europa, incluidos al menos 892 menores como Aylan, de acuerdo a datos del proyecto Missing Migrants. Y son solo cifras mínimas estimadas, ya que la propia organización afirma que si se contabilizaran todas las personas desaparecidas sin dejar rastro seguramente serían más del doble.

Tampoco ha mejorado la situación de las personas que necesitan refugio. Europa sigue atascada en las negociaciones sobre un nuevo Pacto de Migración y Asilo que debería dar respuesta de manera común a los movimientos de personas y, ante todo, defender sus derechos; los conflictos y la crisis climática han llevado a superar el umbral de más de 100 millones de personas desplazadas en todo el mundo y el Mediterráneo se mantiene como la única alternativa para que miles de personas puedan optar a un futuro. Fue la vía de entrada a la Unión Europea de al menos 117 441 personas en 2021, incluidos más de 24 000 niños y niñas, de los que un 71% de llegaron solos, según UNICEF.

Las personas siguen necesitando refugio

El país del que procedía Aylan, Siria, sigue siendo el primer país de origen de las personas refugiadas -6.8 millones de sirios y sirias viven lejos de sus hogares-. Junto a Venezuela, Afganistán, Sudán del Sur y representan el 69% de las personas que buscan refugio en todo el mundo y que, al contrario de lo que se cree, están acogidas principalmente en países vecinos como Turquía, Colombia, Uganda o Pakistán.

La tragedia de la muerte de Aylan no ha terminado. Se repite cada día, aunque apenas ocupe titulares: los naufragios, el miedo, la incertidumbre, el dolor… Miles de personas seguirán sufriendo y forzadas a poner sus vidas en juego hasta que no haya políticas migratorias con un enfoque de derechos humanos orientadas a protegerlas, y no a rechazarlas.

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