8M: Todas podríamos ser refugiadas

El genocidio en Gaza, el retroceso de derechos en Afganistán, las amenazas a defensoras de derechos humanos en América Latina, las violencias estructurales, prácticas culturales arraigadas como la mutilación genital, etc. La lista de amenazas y peligros que afrontan las mujeres es extensa y, aun así, casi invisible. Con motivo de la conmemoración del Día de la Mujer, reivindicamos su derecho a vivir libres de violencias y recordamos que todas podríamos ser refugiadas. 

 

Más de la mitad de los 108 millones de personas desplazadas en 2023 fueron mujeres. Un 3% más de mujeres y niñas con respecto al año anterior que huyeron de guerra y conflictos, emergencias y violencias en las calles; pero también en sus hogares y en sus familias; violencia institucional, desde las autoridades o sus propias sociedades y comunidades. 

Mujeres que huyen por ser mujeres, por amar a otras, por luchar por sus derechos o de violencias específicas que les empujan a buscar asilo, como la trata de personas con fines de explotación sexual, crímenes de honor, matrimonios forzosos, mutilación genital femenina y violencia sexual y de género, entre otras. 

La emergencia medioambiental tiene nombre de mujer 

Normalmente, las mujeres no salen de sus países por una sola causa. En situaciones de pobreza extrema, mujeres y niñas suelen ser las personas más afectadas por la falta de acceso a sus derechos más básicos, o por la desigualdad. El cambio climático, la degradación medioambiental y los desastres naturales les perjudica desproporcionadamente: alrededor de 236 millones de mujeres y niñas se verán afectadas por la inseguridad causada por la emergencia medioambiental, frente a 131 millones de hombres y niños, según la ONU. 

La persistente desigualdad de género dificulta a mujeres y niñas el acceso a información, a la toma de decisiones, a recursos y formación, y prolonga sin remedio esta brecha. Como consecuencia, tienen más dificultades para recibir ayuda humanitaria, lo que amenaza aún más sus medios de vida, su bienestar y su recuperación de situaciones adversas.  

Genocidio, patriarcado, privilegios y conflictos 

La violencia atraviesa las vidas de mujeres y niñas en Palestina, especialmente desde octubre de 2023. Cientos de mujeres, incluidas defensoras de derechos humanos, periodistas y trabajadoras humanitarias, han sido víctimas de agresiones deliberadas y detenciones arbitrarias, durante las que han denunciado tratos inhumanos. En Gaza, mujeres, niñas y niños representan cerca del 70% de las muertes causadas por los ataques israelíes. Las supervivientes de esta insoportable masacre conviven cada día con el miedo, el hambre y el dolor, sin acceso al sistema sanitario, y afrontan el peligro de riesgos asociados a éste y otros conflictos como matrimonios infantiles, la trata de personas y violencia de género, alerta la ONU. 

El aumento de casos de violencia sexual también marca la invasión rusa de Ucrania, que avanza en su segundo año y recuerda que, a menudo, las mujeres son usadas como arma de guerra. Junto con niños y niñas, son el grupo mayoritario de los cerca de 8 millones de personas desplazadas forzosamente por la agresión. 

En Latinoamérica queda de manifiesto que el desplazamiento forzoso y las crisis humanitarias y de violencia generalizada son factores de riesgo para sufrir violencia sexual y de género. Países como Honduras registran desde hace años la mayor tasa de feminicidios de la región, lo que sigue forzando a huir especialmente a aquellas mujeres que tienen funciones de liderazgo en su comunidad y relaciones con miembros de maras o fuerzas de seguridad. Siete de las diez principales nacionalidades solicitantes de asilo en España proceden de Latinoamérica 

Sin derechos, sin salida 

Entre los retrocesos más preocupantes en materia de derechos de las mujeres, sigue destacando Afganistán. Desde que regresaron al poder en 2021, los talibanes intentan eliminar a las mujeres de la vida pública: se les prohíbe estudiar, trabajar fuera del hogar o usar el transporte público, son forzadas a cumplir un estricto código de vestimenta y las trabajadoras humanitarias no pueden desarrollar su trabajo, que necesitan millones de personas en el país. Estas restricciones a sus derechos fundamentales ponen en grave peligro su salud, vida, libertad y dignidad. Lamentablemente, escapar del país sigue siendo una auténtica odisea. 

En países como Irán, las autoridades reprimen con brutal violencia las movilizaciones que estallaron tras la muerte de Mahsa Amini para pedir el fin de décadas de opresión y violencia. Mujeres y adolescentes han sido víctimas de detenciones, torturas, condenas a muerte e incluso envenenamientos masivos para frenar los levantamientos populares. 

Huir también es peligroso 

Pero huir no siempre es garantía de paz. Las dificultades del proceso migratorio se multiplican y la persecución y violencia no terminan para las mujeres cuando escapan de los países de origen.  

El propio camino en busca de seguridad les expone a sufrir más violencias y discriminaciones por el mero hecho de ser mujer, migrante y otros factores que puedan concurrir, como la orientación sexual e identidad de género, o discapacidad.  

Incluso si el motivo inicial de la huida no está relacionado con motivos de género, ser mujer puede ser un factor que multiplica el riesgo de sufrir violencia en los países de tránsito, un imán para la violencia durante el viaje y motivo de discriminación en el país de acogida. Todo ello, además, dificulta aún más su proceso de inclusión social y su bienestar psicológico en los países de acogida.  

Las políticas migratorias cada vez más restrictivas basadas en la militarización y externalización de fronteras para impedir que las personas lleguen a Europa obligan a las mujeres a emprender largos y peligrosos viajes para buscar protección. La falta de vías legales y seguras para acceder al procedimiento de asilo les deja como única opción recurrir a redes informales de tráfico y trata de personas, lo que les expone a situaciones de gran vulnerabilidad, violencia y discriminación interseccional 

¿Cómo garantizar la protección de las mujeres? 

A nivel europeo, se han dado grandes pasos en los últimos meses. Primero con la adhesión de la UE al Convenio de Estambul sobre Prevención y Lucha contra la Violencia contra las Mujeres y la Violencia Doméstica en junio de 2023, y recientemente con la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) que reconoce el asilo por motivos de género en la UE. 

En febrero, el Parlamento Europeo y el Consejo han llegado a un acuerdo provisional sobre la Directiva de Violencia de Género donde se establece como eurodelito las violencias sexuales y de género que afectan de manera especial a mujeres solicitantes de protección internacional, como la mutilación genital femenina y el matrimonio forzado. 

Además, el acuerdo sobre la nueva Directiva contra la Trata de Seres Humanos alcanzado en enero incluye también importantes garantías para personas solicitantes de asilo, y el reconocimiento del matrimonio forzado como forma de trata. 

A estos avances se suman los compromisos acordados a nivel internacional como la Agenda 2030 para no dejar a nadie atrás; el Pacto Mundial de Migraciones; el Pacto Mundial sobre los Refugiados; la Convención Sobre la Eliminación de Toda Forma de Discriminación contra la Mujer (CEDAW); el Protocolo Marco de Protección de Víctimas de Trata; la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre Mujeres, Paz y Seguridad; el Plan Integral de Lucha contra la trata con fines de explotación sexual, y varias directrices específicas de ACNUR sobre la materia. 

España puede ser garantía de protección 

Cada año más mujeres buscan refugio en España: un 47% de un total de 163.220 solicitantes de asilo fueron mujeres, un 6% más que el año anterior. Por este motivo, en CEAR reclamamos a las autoridades españolas que cumplan con el artículo 38 de la Ley de Asilo, el cual contempla que se facilite solicitar asilo en embajadas y consulados españoles en países de origen y tránsito, además de proporcionar el acceso a otro tipo de vías legales y seguras para dar respuesta en términos de protección a las violencias específicas que padecen en el tránsito migratorio mujeres y niñas por el hecho de serlo.  

Una vez logran llegar a fronteras españolas, se les debe garantizar el acceso al procedimiento de asilo, teniendo en cuenta posibles situaciones de vulnerabilidad y aplicando el enfoque de género durante todo el procedimiento. Además, es imprescindible implementar mecanismos específicos y aprobar una Ley Integral de Trata que garanticen una correcta identificación y una protección eficaz. 

Desde CEAR seguiremos trabajando para construir sociedades refugio que pongan los derechos de las mujeres en el centro y les permitan, por fin, vivir en libertad. 

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